Alexa Me subí al coche de inmediato, mi cuerpo temblando de adrenalina y miedo. John, el conductor, arrancó sin titubear, moviéndose con una rapidez sorprendente. A pesar de que huíamos a toda velocidad, noté algo extraño: los escoltas de Brandon no nos seguían. Era como si una orden invisible los mantuviera en sus lugares. Después de unos minutos que parecieron eternos, John detuvo el auto bruscamente. —Conduce, Alexa —dijo con voz firme, volviéndose hacia mí. —¿Qué? —pregunté, sin entender. —¡Hazlo rápido! —ordenó, con una urgencia que hizo que mi corazón diera un vuelco. En un movimiento ágil, John salió del asiento del conductor y se movió hacia el asiento trasero. Mi mente apenas podía procesar lo que estaba ocurriendo, pero instintivamente tomé el volante y me coloqué en el asi

