Hanna.
Me he acomodado para ir a darle la bienvenida a nuestros nuevos vecinos, he preparado uno de mis famosos pie de limón para dárselos como regalo de inclusión al vecindario, me he colocado para la ocasión un encantador vestido color salmón.
La verdad esto es algo que me emociona demasiado, tal vez pueda hacerme amiga de esta familia y haría finalmente mis fines de semana de carne asada.
Robert estaría encantado con un evento así.
«Mi amado Robert es fan de la carné».
Si he intentado que tengamos una vida fuera de carnes rojas pero Robert es un hombre insufrible, hay cosas en las que es mejor no llevarle la contraria o de lo contrario se pasará una infinidad de noches intentando llegar a un acuerdo.
He salido de la habitación y he bajado a la cocina en busca de mi ofrenda.
Me he visto nuevamente en el espejo que está colgado en la salida, esponjándome el cabello solo un poco.
Tomé con delicadeza el pie para luego salir de casa.
Ya afuera crucé la calle para llegar a la casa de al frente.
Me estuve un rato afuera tocando el timbre en espera de que alguien abriera la puerta de madera.
—Un momento— Escuché desde adentro.
Un aviso era suficiente para tranquilizarme, ahora solo estaría allí esperando pacientemente.
Luego de un corto lapso de tiempo, la puerta fue abierta y yo pude finalmente verle la cara a los allegados.
—Buenas tardes— Dije cortésmente para comenzar.
—Buenas tardes— Respondió la mujer frente de mi.
—Es un gusto para mí poder conocerles finalmente, mi nombre es Hanna, soy su vecina de al frente— Dije intentando sonar lo más agradable posible— He venido para traerles un regalo como una forma de demostrarles que quiero hacer de su bienvenida maravillosa— Dije entregándoles el pie— Espero lo disfruten y que en un futuro podamos ser amigos— Concluí.
—Oh querida Hanna no debiste tomarte tal molestia— Respondió la mujer mientras el hombre me miraba extrañamente, como si estuviese incómodo— Me gustaría que entraras y así poder presentarme mejor— Sugirió ella.
—Si no interfiero con ninguna tarea pendiente, con mucho gusto aceptó su invitación— Contesté sonriendo.
—No te preocupes, pasa por favor— Respondió ella viéndose tan dulce y adorable.
Hice caso a su petición y entre a su casa, adentro pude notar la hermosa decoración que se habían encargado en ponerle a la casa.
—Me encanta como han decorado, espero poder recibir el número de su diseñador— Mencioné en broma.
Esta mujer rio levemente detrás de mi.
—Por supuesto cariño, cuando quieras— Contestó.
Caminé hasta llegar a la sala, ahí me pidieron tomar asiento.
Me senté en uno de los sofá que daba con el televisor de la sala, mientras mis vecinos desaparecían para seguro ofrecerme algo.
—Disculpa mi grosera forma de ser tu anfitrión— Dijo esta mujer entrando en la habitación mientras cargaba una bandeja y un vaso con lo que supuse era jugo de naranja— Para compensártelo te he traído estás galletas y un poco de jugo fresco de naranja— Dijo colocándolo todo en la mesita de vidrio en el centro de la sala.
—Muchas gracias pero no era necesario— Respondí sintiéndome apenada.
—No seas tonta querida, lo he hecho con mucho gustó— Agregó riendo de una manera que me erizo el cabello.
Acepté comer una galleta para no ser grosera y luego de beber el jugo de naranja agradecí inmediatamente por la tan buena atención.
—Queremos ser amigas y es una buena forma de comenzar— Dijo sonriéndome.
—Tiene usted razón— Contesté sonriendo de igual manera.
—Seguro aún te preguntas cuál será mi nombre, me disculpo por ello pero suelo distraerme con facilidad— Respondió riendo levemente— Mi nombre es Miriam— Dijo para tomarse una pausa antes de continuar su presentación— Miriam Stone y mi esposo él que ya has podido conocer es Mikel Stone como seguro has podido notar no es de hablar mucho— Respondió sonriendo tomando una galleta.
—Es un verdadero gusto para mí, tengo fé en que nos llevaremos bien— Dije mostrando una gran sonrisa al final.
—Espero lo mimo— Contestó comiendo su galleta.
—¿Qué les ha parecido el vecindario hasta ahora?— Pregunté con un poco de emoción.
—Es lindo y muy silencioso, la verdad fue una gran idea haber Sido enviada, soy la más acta para el trabajo— Contestó recostando su cabeza con el espaldar del sofá.
No entendí lo que quería decir pero supuse que trataba de explicar que ha Sido transferida por razones de trabajo a la ciudad.
—¿Y de que trabajas?— Pregunté— Esperó no te moleste mi pregunta— Dije inmediatamente exaltándome un poco.
Ella sonrió y nuevamente me miró fijamente, se levantó del sofá y se acercó a mí, acercando demasiado su rostro al mío.
—Soy un cierto tipo de oficial, estoy aquí para reprender a las hechiceras que intentan ir en contra de las reglas— Contestó— Rebeldes si así prefieres llamarlas— Agregó para ponerse nuevamente de pie.
Me quedé estática por un momento intentando procesar lo que estaba sucediendo.
—Perdona pero no sé de qué hablar— Respondí haciéndome la ingenua— ¿Acaso es un chiste?— Pregunté viéndome confundida.
Miriam comenzó a reírse un poco antes de responder, fue hasta la cocina dejándome nuevamente sola con la diferencia que ahora cargaba un montón de inseguridades dentro de mí cabeza.
«¿Debería huir?».
Ella al volver cargaba un vaso y por el olor que este desprendía pude deducir que se trataba de vodka.
—Cálmate querida, todas tus preguntas con suerte tendrán una respuesta, aunque tú te quieras hacer la tinta conmigo yo sé muy bien que eres una bruja que ha venido al este mundo para ir en contra de lo que dicta las reglas, no eres la primera y tampoco serás la primera en lograrlo— Respondió sentándose nuevamente— Y si lo quieres nuevamente seguir negando, te recomiendo que ocultes tu apestosa aura de bruja.
Me quedé inmóvil observándola detalladamente.
«¿Acaso intentará hacerme daño?».
Podía observar como bebía tranquilamente su vodka.
—¿Qué buscas en mi? ¿Quién te mando?— Pregunté exigiendo respuesta pues ya me he dado por vencido en intentar engañarla.
—Me alegra que te dejes de juegos y aceptes lo que eres, me lo pone un poco más fácil y respondiendo tus preguntas, ambas son irrelevantes, así que solo te diré que mi misión es llevarte a ti y a tu esposo con las otras hechiceras y que ellas decidan tu condena— Contestó viéndose serena.
—No permitiré eso— Respondí mostrándome ruda ante el asunto.
—Que linda eres pero tú no eres algo con lo que no pueda tratar, si muestras resistencia solo te puedo asegurar que te irá peor, así que querida mejor deja de jugar a ser una humana y vuelve a funcionar a base de las reglas con las cuales hemos nacido— Respondió para luego tomar otro trago.
—¿Tu eres la que ha estado vigilándome? ¿Te has metido con mis amigos?— Pregunté.
«¡Margaret!».
—Todo eso es irrelevante— Respondió levantándose nuevamente del sofá para una vez más acercarse a mi.
No podía negar lo asustada que me encuentro en este momento pero no puedo permitirme titubear, si era necesario pelearía por mi felicidad.
Esta mujer se acercó muy cerca de mi, mi corazón se agitó y me prepare para cualquiera de sus movimientos.
—Querida solo te diré esto una vez, mi recomendación es que mejor te entregues porque si prefieres mostrar resistencia no tendré piedad, te destrozare a ti y a todo lo que amas— Dijo— Es mejor que me temas— Comentó sonriendo.
Yo la miraba con enfado, aún me encontraba a la defensiva lista para atacar.
—Fue una agradable bienvenida ahora es momento de empezar nuestra amistad— Murmuró sonriendo quisquillosamente— Nos veremos luego Hanna— Agregó para luego soplar repentinamente en mi rostro.
Aunque me levanté inmediatamente para salir de allí un inmenso sueño invadió mi cuerpo y por alguna razón todos los hechizos que se supone sé olvide por completo, quedando indefensa.
Terminé desmayándome, quedando inconsciente, rogando porque esta mujer no le hiciera nada a Robert o a Margaret, deseando que todo fuera un sueño.