Todas las verdades a la luz La madrugada llegó rápido para Emiliana, Gabriel y Laila. Se reunieron en la cocina de la casa de Emiliana, donde el café humeaba en las tazas y el silencio solo se rompía por el crujir de las ramas del árbol de mango fuera de la ventana. —Tienes que saberlo todo antes de hablar con ella —comenzó Gabriel, tomando una profunda respiración—. Lo que te conté ayer fue solo la mitad de la verdad, Liana. Emiliana se quedó inmóvil, sosteniendo su taza con ambas manos. —¿Qué más hay que decir? —preguntó con voz baja. —Tu madre y la mía eran hermanas gemelas, igual que tú y Emily —dijo Gabriel, mirándola a los ojos—. Pero cuando estaban embarazadas, tu abuelo decidió que solo una de ellas podía quedarse en la familia. Él quería que tu madre se casara con un hombre r

