Capítulo 16. Anhelo

1318 Words
Michael no podía dormir. La cabaña que una vez le había brindado tanta paz, ahora se sentía como una prisión, encerrándolo allí con sus propios pensamientos. El sonido suave de la lluvia golpeteando el techo resonaba en el silencio de la noche, una melodía que normalmente lo hubiera calmado, pero esta vez lo mantenía en vilo. Cada gota que caía parecía aumentar el peso que llevaba en su pecho, una opresión que lo aplastaba cada vez más. Sus pensamientos se dirigían a Alma, inevitablemente. Desde que la había visto ese día, descalza y con los pies hundidos en la tierra, no podía dejar de pensar en ella. Parecía haber algo liberador en su comportamiento, una pequeña chispa de la Alma que él recordaba, pero aún así, algo seguía roto entre ellos, y no sabía cómo arreglarlo. Y eso apretaba su alma. Se dio vuelta en la cama por enésima vez, con el ceño fruncido, intentando ignorar el vacío en su pecho. El sonido de la tormenta le resultaba casi hipnótico, pero cada vez que cerraba los ojos, su mente le traía imágenes de Alma. El dolor de saber que estaba tan cerca pero aún tan lejos era casi insoportable. Entonces, un ruido suave, apenas perceptible en medio de la lluvia, lo hizo levantarse de golpe. Al principio pensó que lo había imaginado, pero cuando volvió a escuchar el golpeteo en la puerta, se congeló. ¿Quién podría estar allí a esa hora? Un aroma familiar lo puso en alerta. Michael se levantó lentamente, con el corazón acelerado, caminando hacia la puerta con cautela. Abrió, y lo que vio le quitó el aliento. Allí, de pie bajo la lluvia, empapada hasta los huesos, estaba Alma. Su vestido blanco, ahora completamente mojado, se pegaba a su piel, haciendo que su cuerpo se trasluciera bajo la luz tenue de la luna y las gotas de agua que caían sobre ella. Su cabello, empapado y desordenado, caía alrededor de su bello y delgado rostro, mientras sus ojos, llenos de una mezcla de vulnerabilidad y algo más, lo miraban fijamente. Michael la observó en silencio, incapaz de procesar lo que estaba ocurriendo. Sentía un nudo en la garganta, su voz atrapada en algún lugar entre la confusión y el anhelo. Finalmente, logró susurrar: —Alma... ¿qué haces aquí? Alma no respondió de inmediato. En su lugar, levantó una mano temblorosa y la llevó lentamente a la mejilla rasposa de Michael, acariciándola con una suavidad que hizo que el corazón de él latiera aún más fuerte. El contacto de su piel húmeda contra la de él fue un golpe directo a sus emociones, una oleada de sensaciones que lo dejó paralizado. —Mi Michael... —murmuró Alma, su voz tan suave que apenas fue audible entre el ruido de la lluvia. Michael sintió que su pecho se encogía. Ese nombre... ese tono... ¿Podría ser posible? ¿Había vuelto? Su mente se llenó de esperanza y miedo al mismo tiempo. Con la respiración entrecortada, se atrevió a hacer la pregunta que tanto temía: —¿Recordaste? —preguntó con un hilo de voz, sus ojos buscando desesperadamente alguna señal en los de ella. Alma asintió, sus ojos brillando con algo que Michael no había visto en mucho tiempo. Con ese simple gesto, toda la tensión que había estado acumulándose en el cuerpo de Michael se rompió. Con un gemido ahogado, la abrazó, tirando de ella hacia su pecho, sintiendo cómo su cuerpo temblaba de frío y algo más, algo más profundo que eso. —Mi amor... —murmuró Michael contra su cabello mojado mientras la arrastraba hacia dentro de la cabaña, cerrando la puerta detrás de ellos. Las emociones lo inundaron, cada palabra que decía estaba cargada de años de sufrimiento, anhelo y amor—. Te extrañé tanto... —agregó, antes de inclinarse y tomar sus labios en un beso desesperado. El beso fue un choque de emociones, una mezcla de necesidad y desesperación que los consumió por completo. El sabor de la lluvia en sus labios y el calor de su cuerpo empapado se entrelazaron, haciendo que cada toque fuera aún más intenso. Michael deslizó sus manos por la espalda de Alma, tirando de su vestido mojado con una urgencia que no podía contener. Las telas se resistían, pegándose a su piel, pero él las arrancó con desesperación con sus garras, mientras sus manos recorrían cada centímetro de su piel expuesta, buscando reconectar con la mujer que tanto había amado. Alma dejó escapar un pequeño jadeo cuando él la empujó suavemente contra la pared, su espalda arqueándose con el contacto frío de la madera pulida. Sus dedos se hundieron en el cabello de Michael, aferrándose a él como si fuera su ancla en medio de una tormenta. La piel desnuda de ambos brillaba con la luz suave de la tormenta que se filtraba por las ventanas, cada toque intensificando el deseo que ambos habían contenido durante tanto tiempo. Michael la besaba con fervor, bajando por su cuello hasta su pecho, bebiendo de sus senos como un niño sediento, mientras Alma susurraba su nombre, una y otra vez, como si fuera lo único que importaba en ese momento. Sus uñas se clavaban en la espalda de Michael, dejando pequeños surcos rojos, marcándolo con pasión. —Te amo... —susurró él, su voz rota mientras sus labios viajaban por su piel una y otra vez. Alma lo miró con lágrimas en los ojos, asintiendo mientras sus manos lo recorrían con igual urgencia. Y cuando Michael finalmente la tomó, alzó sus caderas, buscó con su mano su humedad y la penetró, sus respiraciones se cortaron...Con sus cuerpos unidos de la manera más íntima posible, ambos dejaron que las emociones los consumieran finalmente. Se movieron entonces juntos con un ritmo frenético, desesperado, como si el tiempo se hubiera detenido para ellos. Cada movimiento era una liberación, una explosión de años de dolor y deseos reprimidos. Mientras ella lo aferraba con sus extremidades y él la empujaba una y otra vez contra la pared. El clímax sobrevino para ambos con una intensidad abrumadora, ambos cuerpos temblando mientras gritaban uno el nombre del otro, aferrándose como si el mundo se desmoronara a su alrededor. Michael sintió cómo todo su ser se desbordaba, su amor por ella, su deseo, su dolor... todo en un instante de absoluta conexión mientras se liberaba en su canal vaginal que lo comprimía drenándolo por completo. Pero entonces, de un momento a otro, todo se desvaneció. Michael se despertó de golpe, jadeando en la oscuridad de su cabaña. Su cuerpo estaba húmedo, cubierto de sudor, y el eco del placer aún recorría sus venas. Se incorporó lentamente, su respiración pesada, mientras su mente intentaba comprender lo que había sucedido. ¿Un sueño? ¿Todo había sido solo un sueño? Miró hacia la ventana, donde la lluvia seguía golpeando suavemente el cristal. Sus manos temblaban, y aunque su cuerpo todavía ardía con el recuerdo de lo que había sentido, la realidad lo golpeó con una tristeza aplastante. Alma no estaba, su cama estaba húmeda, solitaria y mojada. Pero a pocos kilómetros de distancia, en otra cama, Alma también despertó de golpe, su pecho subiendo y bajando rápidamente. El sudor cubría su piel y su corazón latía a un ritmo frenético. Su mente estaba confusa, tratando de asimilar lo que había soñado. Un sueño tan vívido, tan real que aún podía sentir los labios de Michael sobre los suyos, el calor de su cuerpo contra el de ella. Alma tocó su pecho, tratando de calmarse. ¿Qué significaba todo esto? ¿Por qué sentía que, de alguna manera, ese sueño no había sido solo producto de su mente, sino una conexión más profunda, una que aún no entendía del todo? Ambos, separados por la distancia, se quedaron mirando el techo, preguntándose lo mismo: ¿Acaso fue solo un sueño, o algo más sucedió entre ellos?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD