Alma no podía quitarse de la cabeza el recuerdo de las manos, de las sombras, de la impotencia. El aire frío de la tarde la golpeaba en el rostro, pero no era suficiente para calmarla. Sus piernas habían comenzado a flaquear, pero antes de que pudiera caer la mujer de ojos de mirada gentil la sostuvo con sus manos. No era mucho más alta que ella, no era como Gia o Callie, en su mente se dijo "humana", aunque nunca la había visto antes en la manada. Tenía un brillante y hermoso cabello, que aunque a simple vista parecía una suerte de rubio ceniza de cerca se notaba que confluian toda una gama de colores desde el rubio más ceniza, al castaño cobrizo y hasta un marrón oscuro. —Alma... ¿verdad? —La voz de Kate era suave, pero había un matiz de urgencia en ella. Se había agachado para quedar

