Capítulo 6. Calamitoso

1384 Words
Alma despertó con un jadeo, su corazón latiendo con fuerza en su pecho mientras sus ojos se ajustaban a la luz de la habitación. Su cuerpo temblaba, sintiendo el dolor y el frío que emanaba desde lo más profundo de su ser. Instintivamente, se llevó la mano a la cabeza, donde un zumbido constante parecía resonar, como si algo en su mente intentara romper la barrera que la mantenía a salvo de intrusiones indeseadas. Se movió lentamente, sintiendo cada músculo adolorido protestar al intentar levantarse. Su mirada se desvió a la pared, la única cosa tangible en la cercanía que le ofrecía un punto de apoyo, y con un esfuerzo sobrehumano, se arrastró hasta ella, apoyándose como si ese contacto pudiera salvarla de la locura que la acechaba. De repente, sintió una presencia a su lado, una figura alta y esbelta que se movía con una gracia casi sobrenatural. Alma levantó la vista, y sus ojos se encontraron con los de una mujer tan hermosa que parecía irreal. Su cuerpo estaba cubierto por un jean apretado con botas texanas y una camiseta que marcaba cada perfecta curva, y su cabello cobrizo caía suavemente por debajo de sus hombros, brillando incluso en la tenue luz de la habitación. Los ojos de la mujer, de un inusual tono verde, la observaban con una mezcla de preocupación y cautela. —Tranquilízate, no estás sola —dijo la mujer con una voz suave, extendiendo una mano hacia ella. Pero Alma se encogió aún más contra la pared, su corazón latiendo con fuerza mientras el terror la invadía. Un escalofrío recorrió su columna vertebral cuando la palabra "Changer" se formó en su mente, como un veneno que la obligó a responder con asco. —No me toques. ¡No me toques, Changer! —escupió las palabras, sintiendo la repulsión crecer dentro de ella. La sorpresa cruzó el rostro de Gia por un breve instante antes de que recobrara la compostura. Aunque no lo demostró, las palabras de Alma la afectaron extrañamente. Pero claro que no se dejó intimidar. Sabía que la mujer estaba desorientada, asustada, y profundamente marcada por lo que había vivido. Y ella no se iba a echar atrás. —No estoy tratando de hacerte daño —dijo Gia con calma, bajando la mano lentamente—. Solo quiero ayudarte. Pero necesitas dejar de hacer lo que estás haciendo. Por favor... Déjame ayudarte…— repitió con voz suave mientras emanaba una fragancia sutil. Alma entrecerró los ojos, como si tratara de comprender sus palabras. Aún sentía una presión en su mente, algo que no era natural, algo que estaba fuera de su control. —¿Pero qué es lo que dices? —Alma murmuró, sintiendo la confusión crecer dentro de ella —. Deja de intentar entrar en mi puta cabeza —agregó temblorosa—. No sé qué pretendes CHANGER, pero puedo sentirlo. Y estás loca si crees que voy a permitirlo…No importa lo bien que luzcas o huelas, no te dejaré joder con mi cabeza… La sorpresa en el rostro de Gia fue palpable entonces. No había conocido una persona tan fuertemente blindada a nivel mental como Alma en su vida y eso un poco la sorprendía, especialmente por el estado calamitoso en que la pobre mujer se encontraba. —No... yo soy como tú —dijo Gia con firmeza, tratando de convencerla de que no era “Changer”, aunque de hecho lo era… —Tú NO eres como yo — respondió Alma, su voz cargada de un desprecio que no lograba ocultar—. Y aún así ¿Cómo puedes traicionar a tu género así? Colaborar con machos como Fox… debería darte vergüenza siendo una hembra, no importa de la r**a que seas… Gia no pudo evitar sentirse mal por las palabras de la mujer. ¿Cómo no comprender el odio en los ojos de Alma si ella había padecido a Fox en carne propia? Pero no podía permitir que las suposiciones erróneas de Alma aumentaran su desconfianza. Ni en ella, ni en la manada, pero mucho menos en Michael. —Lo último que haría en este mundo sería colaborar con Fox —respondió Gia, su voz firme pero serena. Pensó que era una horrible paradoja y estuvo a punto de gritarle que era humana como ella, aunque no lo era, incluso si lo hubiera creído toda su vida claro… Pero supuso que en ese punto a Alma no le importaría ese detalle de su vida ni tampoco ganaría así su empatía, decirle que había estado cautiva de Fox igual que ella incluso, con Alma en ese estado, podría ser contraproducente también. De hecho, como si pudiera leer sus pensamientos, la mujer se rio con amargura, y fue un sonido vacío y carente de verdadera alegría. —Conocí a muchas como tú en mi vida, muchas intentaron ganarse mi simpatía para que ayudara a ese cerdo, lo intentaron todo —dijo, su tono lleno de sarcasmo—. Dices que no lo ayudarías, pero, ¿seguirías pensando lo mismo si tu vida estuviera en peligro? ¿O la de tus seres queridos? ¿Eh? — dijo la mujer y tragó saliva con los ojos llenos de lágrimas, pensando en todas las artimañas retorcidas que Fox había intentado con ella. El comentario hizo que Gia tragara saliva. Sabía que Alma estaba reviviendo sus miedos más profundos, pero no podía permitirse flaquear en su intento de lograr aunque sea un diálogo que le permitiera acercarse un poco más. La habían elegido a ella para ser interlocutora de la mujer por razones obvias. Era hembra, y supusieron que con un macho sería peor, y tenía poderes, la clase de poderes que podían lidiar con alguien como Alma. Al menos hasta que la hembra humana estuviera en sus cabales. O hubiera recuperado la razón, o la memoria… —Te juro que no estamos con Fox —dijo Gia con firmeza, buscando en los ojos de Alma alguna señal de reconocimiento o de algo que no fuera esa mezcla de odio y desagrado—. Estás en la manada Falcone, Michael te rescató. Aquí estás a salvo, no somos tus enemigos — dijo con ímpetu y volvió a buscar algún rastro en su mirada, algo que le permitiera reconocer en sus ojos que recordaba ese nombre al menos, o a la manada. Alma la observó con una mezcla de desconfianza y algo más que Gia no pudo identificar. Luego, sus palabras llegaron con un veneno que cortaba como un cuchillo. —Da igual — dijo y se encogió de hombros —. Pasé de un encierro a otro ¿O qué es esto sino? —agregó Alma, su voz fría y controlada, a pesar de las tumultuosas emociones que se reflejaban en su mirada—. Y además, siguen teniendo mi sistema cargado de drogas ¿O acaso crees que soy una idiota? Gia sintió una punzada de frustración. Sabía que era imposible convencer a Alma mientras estuviera en ese estado. Pero no podía rendirse, no cuando el “alma” de su manada estaba en juego. —Es porque estamos rodeados de gente, HUMANOS Y CHANGERS, que decidimos mantenerte así —respondió Gia, su tono ya mostrando señales de impaciencia—. Tú…mmm… bueno, aún no estás en tus cabales, por si no lo notaste. Y como te dije, esto es una manada…— dijo y luego susurró —. Hay cachorros aquí, y debemos protegerlos. De ti… El rostro de Alma se suavizó entonces por un instante, como si las palabras de Gia hubieran perforado la coraza de odio y desconfianza que la envolvía. —¿Acaso eres madre? —preguntó intuitivamente Alma, la sorpresa en su voz era evidente. —Sí —respondió Gia con un suspiro, dejando que viera su cara más “humana”—. Y haría lo que fuera por mis cachorros. Cualquier cosa en este mundo para protegerlos. Pero te juro, por la vida de mis cachorros, que estás a salvo y lejos de Fox. Alma se rio, pero esta vez su risa no tenía rastro de burla, sino de una tristeza profunda y resignada. —Lejos de Fox, tal vez—dijo Alma, su voz un susurro cargado de desdicha—. Pero a salvo… lo dudo mucho…
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