Capítulo 13. El que no arriesga no nada

1239 Words
Michael se quedó frente a la ventana, observando el intercambio entre Alma y Ada, su corazón palpitando con una mezcla de ansiedad y miedo. Cada vez que Ada decía algo, veía el ligero cambio en la postura de Alma, la tensión cediendo poco a poco. Michael deseaba poder entrar y protegerla, pero sabía que su presencia sólo añadiría más confusión a la situación. Su mirada no se apartaba de ellas, como si temiera que, en cualquier momento, todo pudiera derrumbarse de nuevo. Cuando Ada finalmente salió de la habitación, cerrando la puerta suavemente detrás de ella, Michael dio un paso hacia ella, su ansiedad visible en sus ojos. —¿Y bien? —preguntó con una voz ronca, apretando los puños. Ada lo miró por un momento antes de hablar, notando el peso del estrés en su postura. —Está frágil, Michael —admitió—. Pero hay algo más en ella. Una chispa, una fuerza... A pesar de todo lo que ha pasado, sigue ahí, resistiendo. Sin embargo, no puedes mantenerla encerrada así. para siempre… Michael la miró, con el ceño fruncido. —No puedo dejar que deambule por ahí como si tal cosa Ada—respondió con dureza, la tensión clara en su voz—. Es peligroso. No sabes lo que podría pasar. Fox aún podría... podría... Se detuvo, incapaz de terminar la frase. El miedo lo ahogaba. No podía soportar la idea de perderla de nuevo. Ada suspiró, tratando de mantener la calma. Sabía que Michael estaba actuando desde el miedo, no desde la razón. —Michael, sé que instalaste contrafuegos. Sé que reforzaste la seguridad alrededor de la manada. Nadie puede teletransportarla desde aquí o hacía aquí. No hay forma de que Fox la alcance mientras esté supervisada tampoco, Además, podría salir con Gia, bajo estricta vigilancia. Pero necesita ver gente, estar en un ambiente más seguro y normal. Estar en esa habitación solo la va a romper más— respondió la joven platinada con suavidad sus ojos violetas relampagueando con su fuego interior y la certeza de tener la razón. Michael negó con la cabeza, dando un paso atrás, como si sus palabras no pudieran penetrar la coraza de su preocupación. —No lo entiendes, Ada —dijo, apretando la mandíbula—. No es solo sobre Fox. No puedo perderla de nuevo. No después de todo o que pasó. El recuerdo lo golpeó de lleno. El día que la perdió aún estaba grabado en su memoria, como una herida abierta. Recordaba la desesperación que sintió cuando ella desapareció, cuando Fox la arrancó de su lado sin que él pudiera hacer nada. El vacío que lo había consumido desde entonces. Había sido como si el suelo se hubiera desvanecido bajo sus pies. Como si le faltara un pedazo de su corazón, aún lo sentía allí a pesar de no tenerla a miles de kilómetros de allí. El flashback se apoderó de él con violencia de una de las veces que había estado tan cerca de recuperarla: el laboratorio de Fox, los gritos de Alma resonando en sus oídos mientras él intentaba llegar a ella, pero las paredes, los guardias, todo lo detenía. La impotencia lo había devorado. No había sido lo suficientemente rápido, lo suficientemente fuerte. Había fallado. Una y otra vez sin poder llegar a ella. Como en un bucle. Ada lo observó en silencio, comprendiendo el conflicto interno que lo desgarraba. Dio un paso hacia él, con una mirada comprensiva. —Michael... no la vas a perder —dijo suavemente—. Tienes que confiar. Ella ya no es la misma que cuando fue capturada, pero sigue siendo fuerte. Y tú tampoco eres el mismo niño que la perdió. Eres un hombre, un Alpha, y uno fuerte. Puedes protegerla, pero necesitas darle el espacio para sanar. Mantenerla encerrada solo la lastimará más…Y creo que en el fondo lo sabes aunque tu miedo no te lo permita aceptar… Michael bajó la cabeza, luchando contra las emociones que bullían dentro de él. Ada tenía razón, lo sabía, pero el miedo lo controlaba. No quería arriesgarse a que algo saliera mal, no otra vez. —Es solo que...— murmuró, con un dolor visible en su voz—. No puedo soportar la idea de que... de que algo le pase de nuevo. Solo entiende… Ada extendió una mano con cautela y la colocó sobre su brazo, ofreciendo un ancla en medio de la tormenta que lo envolvía. —Michael, ella también es fuerte —dijo con suavidad—. Ha sobrevivido a cosas que ni siquiera podemos imaginar. Pero necesita ver a otras personas, necesita sentir que no está sola. Y, por lo que pude percibir, sus poderes están contenidos por las drogas. No va a hacer daño, no quiere hacer daño. Solo... quiere vivir. Y no puedes seguir manteniendola como un animalito enjaulado… Antes de que Michael pudiera responder, Gia apareció en el pasillo, caminando con su paso silencioso y decidido. Al llegar a ellos, se cruzó de brazos y lanzó una mirada interrogativa a Ada y luego a Michael. —¿Qué está pasando aquí? —preguntó Gia, con un tono que indicaba que ya sospechaba la respuesta. —Estamos discutiendo sobre permitirle a Alma salir de la habitación, supervisada —explicó Ada, volviéndose hacia Gia—. Michael está preocupado, pero creo que es necesario para su bienestar. Gia asintió lentamente, comprendiendo de inmediato el dilema. Se acercó a Michael, mirándolo directamente a los ojos. —Ada tiene razón —dijo firmemente—. Alma no representa un peligro en este momento. Peyton tiene una cadena telepática en su mente, y Fox no puede acceder a ella mientras esté bajo nuestra protección. Además, las drogas siguen inhibiendo sus poderes. Si no la dejamos interactuar con otros, podríamos estar haciendo más daño que bien. Lo sabes y lo sé… Michael luchó contra su propia resistencia. Las palabras de Gia y Ada resonaban en su mente, pero el miedo seguía presente, aferrándose a él como garras invisibles que se clavaban en su piel. —¿Y si algo sale mal? —preguntó en voz baja—. ¿Y si no podemos protegerla? Gia puso una mano en su hombro, su expresión más suave de lo habitual. —No la vas a perder, Michael. No de nuevo. Pero necesitas confiar. En nosotros. En ella. En ti mismo. Michael cerró los ojos por un momento, inhalando profundamente. Sabía que tenían razón. Sabía que no podía seguir encerrando a Alma por miedo a lo que podría pasar. Pero el dolor de la pérdida aún lo carcomía por dentro como una herida cruel que no terminaba de sanar. Finalmente, abrió los ojos y asintió, aunque el gesto fue pesado, como si cada músculo de su cuerpo resistiera la decisión. —Está bien —murmuró—. Pero será bajo una vigilancia estricta. Sin excepción… Ada sonrió suavemente y le dio un apretón en el brazo, un gesto de apoyo. —Vas a ver que todo estará bien —le aseguró—. Confía. Ella necesita esto. Y tú también. Es lo mejor… Michael observó a Gia y Ada mientras ambas lo miraban con compasión. Sabía que no sería fácil, que el miedo siempre estaría ahí, pero tenía que intentarlo. Por Alma. Por ellos. Por todo lo que había perdido y todo lo que aún podía salvar. Si es que algo quedaba para salvar entre ambos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD