“Me da igual, por el bien del chico no le reveles la verdad y dile el nombre que te parezca pero ten mucho cuidado Alma porque te juro no querrás saber de qué soy capaz si haces algo por fuera de los planes” De Fox a Alma, muchos años antes. Morgan finalmente rozó la mano de Alma, el contacto tan delicado como si ambas temieran que la ilusión se desvaneciera como un espejismo en el desierto. Alma, con una mezcla de ternura y dolor en los ojos, asintió suavemente, sus lágrimas aún luchando por salir. —Sí, Morgan, soy yo... —respondió Alma con voz quebrada, dejando que el peso de las palabras envolviera el espacio entre ellas. Con una mano temblorosa, Alma tomó la de Morgan con más firmeza y la guió hacia el banco más cercano bajo un árbol frondoso. Era increíble pero ese cachorro que

