Michael se apoyó contra la pared, sus hombros cargados por el peso del tiempo que transcurría con una lentitud insoportable. Cada segundo era una tortura, una daga que perforaba su corazón mientras el destino de Alma se debatía tras esas puertas. Observaba a través del vidrio, con los ojos clavados en la figura frágil y vulnerable de la mujer que había buscado durante tanto tiempo, aquella que había sido arrancada de sus brazos en un pasado que nunca había dejado de atormentarlo.
Sus pensamientos comenzaron a desmoronarse, llevándolo de regreso al momento en que todo había cambiado. Cerró los ojos casi sin darse cuenta, dejando que el recuerdo lo envolviera...
'Desde niño, Alma había sido un enigma para él. Se conocieron cuando sus padres trabajaban juntos; el padre de Alma era un genio de la tecnología, y los Falcone lo ayudaron a desarrollar su empresa, y él era humano.
Michael la recordaba, de sus encuentros dentro de la manada cuando ocasionalmente acompañaba a su papá a alguna reunión, como una niña tímida, de un año menos que él, con una inteligencia y una sensibilidad que siempre le habían llamado la atención. Sus miradas cruzadas en los pasillos del corazón del predio y los tímidos saludos eran todo lo que compartían, pero para Michael, ella era más que una simple conocida pues siempre había picado su curiosidad aunque como estaba siempre bajo el ala de su padre, nunca se había atrevido a hablarle.
Un día, Alma desapareció de su vida. Su padre Milo, reconociendo su potencial, la había enviado a un colegio especial para niños superdotados que gracias al crecimiento de su empresa bajo el amparo de los Falcone pudo pagar. y Michael no volvió a verla hasta muchas años después, cuando el destino los reunió en la Universidad de California. Alma, a sus jóvenes 17 años, ya había conseguido algo extraordinario: tenía su propia cátedra en Psicología Especial, explorando las capacidades Changers en relación con la psicología. Y al reencontrarse con ella, Michael quedó atónito al descubrir que Alma no solo era increíblemente inteligente, sino que también tenía al menos dos doctorados. La niña tímida se había transformado en una mujer con una mente brillante, y lo que fue más sorprendente aún, se convirtió en su profesora en aquella materia. Aparte los años la habían transformado y el patito se había convertido en cisne.
Ese fue el comienzo de algo que nunca imaginaron...Su relación al principio amistosa se transformó en algo más, hasts ese día fatídico...
Estaban en una habitación de motel, pequeña y modesta, pero para Michael era un refugio, un lugar donde finalmente había encontrado paz junto a ella y a dónde iban ocasionalmente, ocultos a la vista de todos pues por mantener esa relación ambos podrían ser juzgados, pero ella podría hasta ser condenada por la ley.
Pues a pesar del tiempo y la distancia que los había separado, a él le parecía que Alma siempre había sido parte de su vida y se habían reencontrado de una manera que trascendía lo académico; en sus conversaciones, risas compartidas y miradas que hablaban más de lo que podían expresar en palabras. Expuestos a la mirada de todos pero a la vez, ocultos.
Michael había sentido que el mundo podría esperar, que solo ellos dos existían en esos instantes que compartían y ESE DÍA no fue diferente. Alma yacía a su lado, su cuerpo cálido y suave, susurrándole promesas de un futuro juntos luego de haber hecho el amor de forma apasionada...Enredados en sábanas que olían a sus cuerpos, mezclando sus sudores y sus suspiros en una melodía que solo ellos dos podían escuchar, ambos se quedaron recostados, relajados, acariciándose en silencio, sintiendo la presencia del otro como un bálsamo que los hacía olvidar de las limitaciones de su cultura a ambos.
Alma apoyó su cabeza en el pecho de Michael, sus dedos dibujando círculos suaves en su piel mientras hablaba en susurros.
—Nunca me había sentido tan segura como ahora —dijo ella, su voz apenas un suspiro—. Contigo… es como si finalmente pudiera escapar de todo, como si todo ese miedo a que un día ellos descubran… bueno “ya sabes qué” se esfumara junto a ti…— dijo ella de mofo elocuente refiriéndose al secreto que Alma le había compartido sobre sí misma y que de conocerse la pondría en un riesgo mayor aún al de intimar con un Changer.
Michael sonrió, inclinándose para besar su cabello. El aroma de ella lo llenó como ninguna otra cosa, y en ese momento, se sintió invencible, capaz de enfrentarse a cualquier cosa por ella.
—Te prometo que siempre te protegeré —le respondió de modo inocente, aunque su voz estaba cargada de una determinación inquebrantable, que se iba a disolver muy pronto—. Nadie te hará daño mientras esté contigo, Alma. Te protegeré siempre, no importa dónde estés, te juro que lo haré. Nunca más deberás temer.
Pareció una mala jugada del destino, pero en ese mismo momento, la tranquilidad se rompió. La puerta de la habitación fue derribada con un estruendo, y un grupo de hombres irrumpió en el cuarto de hotel. Era el Comando, Michael los reconoció al instante, y su corazón se detuvo paralizándose momentáneamente de miedo por ella. Pero pronto reaccionó.
—¡No! —gritó, levantándose de un salto, su cuerpo listo para luchar. Pero los hombres ya estaban sobre él, separándolo de Alma. Recordaba un leve pinchazo en el cuello, en ese momento no lo sabía pero le habían dado algo para que no pudiera transformarse. Ella se aferró a él con desesperación, sus uñas clavándose en su piel mientras lo miraba con los ojos llenos de súplica y terror.
—¡Michael, no me dejes! —suplicó, su voz quebrada por el miedo—. ¡Por favor, no dejes que me lleven!
Y Michael lo intentó , luchó con todas sus fuerzas, su mente nublada por la furia y la impotencia. Intentó transformarse inútilmente, intentó alcanzarla también, pero los hombres lo sujetaron con fuerza, sus manos como garfios que lo inmovilizaron. Alma fue arrancada de sus brazos, sus gritos resonando en la habitación mientras era arrastrada hacia la puerta, luego entendería que ella habia sido pinchada también. Pero en ese momento en medio del caos, sus ojos se encontraron con una figura que se asomaba desde la puerta. Era el prominente general del comando, Fox, con una sonrisa de triunfo en su rostro, que lo observaba sin decir una palabra. Esa sonrisa se grabó en la mente de Michael, y fue una imagen que nunca olvidaría a lo largo de los años. Su fuerza no sólo motivada por encontrar a Alma sino por borrar esa maldita sonrisa del rostro de ese monstruo.
—¡Te encontraré! —gritó Michael, su voz desgarrada por el llanto y el dolor por los golpes que le estaban dando.
—Ayúdame, Michael —gritó Alma otra vez, su voz ahogada mientras la alejaban. Sus manos se extendieron hacia él, pero no llegaron a tocarlo. Los hombres del Comando lo aferraron con más fuerza.
—Espera por mí, te encontraré, te... —sus palabras fueron interrumpidas mientras finalmente lo reducían y un golpe seco en la cabeza nubló entonces sus pensamientos.
El estruendo de la puerta cerrándose fue lo último que escuchó antes de sus últimas palabras, y Alma desapareció de su vista y de su vida. Eso fue lo último que recordaba; lo siguiente fue encontrarse desnudo en la calle mientras el hotel se quemaba. Imaginó que algún comando con capacidad de teletransportación lo sacó de allí antes de que incendiaran el hotel para reducirlo a cenizas. Supuso que quisieron borrar todo rastro de lo que había pasado, y que lo “salvaron” porque su padre era un hombre poderoso, y no querían enemistarse con los Falcone. Si lo dejaban para morir allí, su familia eventualmente descubriría todo.
Con el tiempo, Michael entendería que mientras Fox tuviera a Alma, siempre intentaría manipularlo. Así que había otras cosas detrás de ese hecho que no fue para nada inocente ni un acto de bondad del monstruo ese.'
Michael abrió los ojos.que había cerrado de manera inconsciente, y en un instante estuvo de regreso en el presente, su pecho subiendo y bajando con respiraciones agitadas. El recuerdo era tan vívido, tan doloroso, que casi podía sentir el tacto de Alma en su piel, el calor de su cuerpo junto al suyo. Su alma desgarrada cuando la arrancaron de sus brazos.
Se acercó nuevamente y presionó su nariz contra el vidrio de la ventana, observando cómo los médicos trabajaban incansablemente. La imagen de Alma, tan descompuesta y rota, se clavaba como un puñal en su pecho. Su corazón, que durante tanto tiempo había estado congelado en una burbuja de rabia y desesperación, se sentía ahora como una piedra, pesada e inmóvil en su pecho.
La promesa que le había hecho, la certeza de que la encontraría, era lo único que lo había mantenido en pie durante todos esos años de búsqueda, Casi dos décadas. Y ahora que la tenía de nuevo, se daba cuenta de que la herida era mucho más profunda de lo que había imaginado. Fox le había hecho cosas indescriptibles, había quebrantado su espíritu, y la idea de que ella nunca pudiera ser la misma o ya no lo reconociera lo llenaba de una tristeza insondable.
Sus pensamientos fueron interrumpidos entonces por el sonido de pasos suaves a su lado. Michael no tuvo que mirar para saber quién era; la presencia de Peyton era tan familiar como la suya propia. El ex comando se paró en silencio junto a él, sin decir nada al principio, compartiendo el peso de la espera.
—Lo siento —dijo Peyton finalmente, su voz apenas un susurro—. No quise lastimar a Alma. Solo... trataba de hacer lo correcto.
Michael no apartó la vista del vidrio, su mirada fija en Alma.
—Lo sé —respondió con una voz baja, cargada de una mezcla de agotamiento y tristeza—. Pero lo que le han hecho ya... es peor que cualquier otra cosa.
Peyton asintió lentamente, entendiendo el peso de las palabras de Michael. Recordaba las cosas que Gia había pasado en cautiverio cuando él no la pudo proteger, antes de decidir huir con ella. Entonces, solo sabía que era importante protegerla, pero no imaginaba que terminaría amándola como lo hacía. Por eso entendía como nadie a Michael. En ese momento, no hubo nada más que decir. Un silencio abrumador los envolvió, dos hombres que habían vivido en carne propia la crueldad de Fox hacia las mujeres que eran el centro mismo de sus existencias.