Capítulo 13: El Anillo y la Promesa Rota El trayecto desde la Casa Blanca hasta el jet privado de Maximillian fue el más largo y silencioso que jamás había experimentado. No había gritos, ni amenazas. Había algo peor: un silencio gélido que prometía una venganza planificada y minuciosa. Yo estaba atrapada en el asiento trasero del Mercedes blindado, la seda esmeralda de mi vestido sintiéndose como escamas de dragón contra mi piel sudorosa. El único sonido era el tic-tac glacial del motor y la respiración regular de Maximillian a mi lado. Él no me había soltado la mano desde que salimos del East Room. No por afecto, sino para exhibir la pieza de joyería que ahora era mi ancla: el diamante de compromiso. Brillaba con una intensidad obscena, como un faro señalando mi ruina definitiva. Fina

