Capítulo 16: La Prometida Investigadora La obediencia era ahora mi armadura. La noche que siguió a la confesión de Maximillian fue una tortura física y emocional, pero ya no me sentí como una víctima. Cada toque, cada palabra de posesión que él me susurraba, era un recordatorio del precio que él pagaría por la verdad. Mi cuerpo se rindió por necesidad, pero mi mente se mantuvo en alerta, calculando. Yo era la prometida perfecta, la Moya zvezda que él exhibiría, pero tras la seda y los diamantes se ocultaba una espía consumida por la venganza. La mañana amaneció sobre Manhattan. Max estaba de pie en el vestidor, seleccionando una corbata con la precisión de un cirujano. —Hoy es el primer día de tu nueva vida, Maya —dijo sin mirarme—. No te engañes. No eres mi esposa, pero eres mi socia d

