El silencio después de lo ocurrido en la terraza era espeso, como si incluso el aire se negara a moverse. La ciudad se extendía a lo lejos, iluminada por miles de puntos dorados, pero para Bianca todo se había reducido al latido insistente en sus oídos. Alessandro estaba a su lado, quieto, con los puños cerrados. —No me gusta —dijo él, rompiendo el silencio—. No me gusta que Adrián haya aparecido así… y menos que parezca saber tanto. Bianca apretó los labios. Adrián había sido parte de su pasado, un capítulo cerrado… o eso creía. Pero su reaparición, con esa sonrisa que escondía algo más, la había dejado con una sensación incómoda en el pecho. —No buscaba nada —replicó, aunque la inseguridad se filtró en su voz—. Solo me saludó. —No me mientas, Bianca —Alessandro giró hacia ella, su mi

