Bianca no pudo dormir esa noche. Se quedó mirando el techo de su habitación, como si las sombras entre las molduras le fueran a dar respuestas. El reloj marcó las 2:47 a.m., y ella seguía con la mente en una espiral sin salida. ¿Qué demonios hacía Alessandro en Miami? No como Alessandro, claro. Sino como Lucas. El prometido que su abuelo le había elegido hacía meses. Ahora lo entendía todo. El nombre que siempre le pareció vagamente familiar. Las ausencias repentinas en la oficina. Las llamadas en las que su madre le hablaba de negocios “familiares” con los Vitale. Había estado bajo su nariz todo el tiempo. Y ella, tratando de huir del compromiso, había huido directamente hacia él. --- A las 10:00 a.m., bajó a desayunar. Su madre hojeaba una revista de bodas con entusiasmo exa

