El rostro de Bianca aparecía en todas las pantallas. En televisión, en portales digitales, en r************* . Las palabras que había pronunciado en aquella conferencia —firmes, desgarradoras, valientes— ya no le pertenecían: se habían convertido en un eco colectivo, una chispa en medio del sistema que muchos daban por inquebrantable. Para algunos, era una heroína. Para otros, una amenaza. Para todos… una figura imposible de ignorar. Y mientras su imagen crecía, también lo hacía la presión sobre su vida personal. Y sobre su matrimonio. --- —Estás en la portada de *Le Monde* —anunció Lidia, entrando en la oficina de la galería con el periódico francés en mano—. Te llaman “La voz del arte contra la corrupción”. Bianca levantó la vista con un suspiro. —¿Y eso es bueno o malo? —Depe

