Ámbar caminaba por las calles, el frío calaba en sus huesos, escuchó que alguien dijo su nombre, pero creyó que era imposible, hasta que sintió sus manos, intentó alejarse con coraje, pero él no la dejó —Por favor, Ámbar, ¡Perdóname! No debí ni dudar, solo estoy… ¡Enloquecido! Ver a Zenit frente a Noah, me dejó en shock, lo siento, nunca debí dudar de ti, no sé qué me pasó. —Pasa que no confías en mí, eso es lo que pasa, así que, es mejor dejar las cosas hasta aquí, puede que yo necesite tu ayuda, pero, no a cambio de esto, he tenido suficiente con la desconfianza que mi padre y… que todos me han dado, no pienso soportarlo más. Emilio bajó la vista, supo que su error era grande y sintió que no tenía remedio —Perdóname, y entiendo, tienes razón, nunca seré bueno para esto, tengo que ha

