12. Final

2793 Words
Final, tal vez. Decidí que iba a estudiar criminalística, me iba a especializar para ser investigador, iba estudiar esto con Martín, ya que ambos éramos muy buenos siguiendo e investigando a la gente, era algo que realmente nos gustaba mucho. Convertiría mi hábito mezquino, en mi profesión. El último año fui el personero de la escuela, no sé ni cómo logré ganar con mi historial y por esto, me pidieron dar un discurso el día de la ceremonia de graduación. Estaban todos muy emocionados por las cosas que iban a venir, no dejaban de hablar de eso y yo me sentía muy normal, no le veía tanto alboroto al asunto. Nos íbamos a graduar como miles lo hacían cada año, luego íbamos a estudiar en alguna universidad, unos iban a triunfar, otros iban a ser parásitos en la vida, otros mantenidos, otros iban a parar a la cárcel, otros iban a morir y, por último, otros se iban a estudiar lo que sea que diera dinero y vivir una vida completamente infeliz. Este era yo. Me puse de pie para dar el discurso, todos me aplaudían y yo estaba de muy mal ánimo: Hoy estamos aquí reunidos para celebrar este nuevo logro en nuestras vidas, hoy se nos abren la puerta para todas las cosas maravillosas que el mundo tiene para ofrecernos… bla, bla, bla, no me creí nada de lo que dije. Creo que nunca lo mencioné antes, pero mi mayor miedo era quedarme solo, me aterraba la soledad y creo que eso fue lo que me amargó la graduación. Ver a todos tan felices y yo sin nadie con quién compartir me hacía enojarme mucho. Papá me llevó ese día a un restaurante muy bueno y eso me hizo relajarme un poco. Luego fuimos a la fiesta de graduación, la hicieron en la escuela y fue realmente buena. La decoración parecía más bien de carnaval y eso se veía genial. Tomé bastante, aunque no debía hacerlo, pero no me ocurrió nada afortunadamente. Alrededor de las tres de la mañana, llegué a casa, me sentía mareado y papá me ayudó a subir hasta mi cama. Me puse ropa para dormir y me acosté en la cama, encendí la televisión y estaban dando buena música en VH1 y, de hecho, estaban pasando una canción muy buena: Seize the day de Avenged sevenfold. No es que me guste esa banda emo, pero esa canción, me hacía sentir especial, es de ese tipo de canciones que te ponen sentimental, pero que a la vez es increíble escucharlas, esta me recordaba épocas muy buenas, cuando era pequeño e imitaba a Jimmy Hendrix, eran buenos años y me sentí muy bien al escuchar esa canción. Luego me pareció escuchar que alguien golpeaba mi ventana, miré un momento. Como no escuché más golpes no me asomé. Yo no era tan paranoico, seguro fue un ruido de la calle. Luego escuché de nuevo los golpes y fui hasta allá, abrí la cortina y vi a Mía en el tejado. ¿Será que los tragos me estaban jugando una muy mala pasada? No lo podía creer, no sabía cómo reaccionar. Había recreado su regreso en mi mente de tantas formas diferentes que ahora que sucedía, no sabía qué hacer. La miré impactado, de los nervios ni siquiera podía abrir la ventana. -Sé que no te esperabas esto, pero por favor, abre la ventana. Me estoy resbalando. Esa noche estaba lloviendo levemente y por eso intenté abrir rápidamente la ventana, pero de los nervios, demoré más de lo usual y Mía se resbaló, cayendo en la entrada de mí casa. Bajé rápidamente a la entrada y la ayudé a levantarse. Cuando la vi de cerca y sentí su olor, vi su rostro, su cabello que parecía haber crecido mil centímetros más, sus mejillas ligeramente enrojecidas y húmedas por la lluvia, no traía sus anteojos y por eso me fijé en sus ojos, esos mismos ojos que se habían encargado de enloquecerme cuando estuvo a mi lado. Volví a recordar todo y sentí pesar, necesitaba besarla, que luego me diera explicaciones, lo que sea, ni sé con qué intención vino a verme o si solo sería para saludar, pero eso era todo lo que necesitaba en ese momento, habría suficiente tiempo para hablar. Sentí que, si no la besaba, iba a morirme de las ganas. Ya luego veré qué hago si me agrede. -Me duele el trasero.-Me dijo y eso me hizo reír. -Caíste de un segundo piso… -Hay muchas cosas que quiero decirte… primero…-Que me explicara después, me acerqué a ella y la besé… Dios… cómo deseaba hacerlo, abracé su espalda y acaricié suavemente su rostro, no quería estropear el momento, no quería soltarla. Ya no iba a volver a dejar que se me escapara y menos haría algo que la hiciera alejarse de mí. Me sentí bien, seguro, era lo que debía y necesitaba hacer. Mis manos jugaban con su cabello y ella me abrazaba con fuerza. Nunca fui tan feliz. -Yo quiero decirte que… -No digas nada princesa, yo te amo y estás aquí, eso es todo lo que me importa ahora. Subimos a la habitación y sin decir nada, y de forma torpe, desesperada, nos desvestimos y no podíamos dejar de besarnos. Ansiaba tanto tenerla, besarla, acariciarla, que no podía pensar con claridad ni contenerme. Después de desvestirnos por completo, hice recostar a Mía sobre la cama y me posé sobre ella. La besé tanto por dios, la besé y la besé. Amaba tanto sus labios, había olvidado lo bien que sabían y juro que ahora volví a probarlos, me volvería adicto de nuevo a ellos, a su cuerpo, a todo de ella. Besé su cuello, con delicadeza, pero ella pareció desesperarse, sabía que deseaba más y amaba que fuera así. -Nathan… no soporto más.-Dijo entre susurros y la besé de nuevo. Sonreí. -Ni yo.-Le di un corto beso y sujeté sus piernas. Ingresé por completo y gimió muy fuerte. Por dios, se sentía tan bien, tan caliente, que no podía creerlo. ¿Cómo una simple persona podía hacerme sentir tan bien? Empecé a moverme lentamente, disfrutando la sensación, sus gemidos, sus besos húmedos y necesitados. Mi lengua jugaba con la suya y sin previo aviso, empecé a moverme más y más rápido, Mía no dejaba de gemir y yo… estaba enloqueciendo, sentía que soñaba, que flotaba, no podía creer que esto estuviera sucediendo, el tener a Mía, completamente para mí, completamente mía. Duramos mucho tiempo, amándonos, deseándonos y disfrutando cada segundo, pero luego, cuando ella se subió sobre mí y empezó a moverse tan rápido, tan bueno, no pude soportarlo más y mordí mis labios mientras terminaba. Intenté tomar aire y vi a Mía gritar muy fuerte una última vez y su espalda arquearse. Por dios, había extrañado tanto verla así por mí, así de feliz y plena. Luego, me retiré el preservativo y ella, se tiró a mi lado y me di la vuelta, la abracé por su cintura. Ella me miraba conmovida, con los ojos cristalizados y húmedos, sonreí, feliz. Tan feliz. -Perdón…-Dijo hundiendo su rostro en mi cuello.-Por hacerte esperar tanto por mí. Lo siento, de verdad. -Está bien, no te preocupes princesa.-Limpié sus lágrimas y le di un corto beso. -Tenía mucho miedo de venir.-Confesó y fruncí el ceño. -¿Por qué? -Temía llegar y que, por el tiempo que pasó, me hubieras olvidado por completo o peor, que estuvieras con alguien más.-Mordió sus labios.-Habría sido insoportable, me habría culpado toda la vida por eso. -Bebé.-Besé su frente.-Siempre iba a esperar por ti. -Te amo.-Dijo en voz baja y sonreí, inmensamente feliz. Sentía como me volvía el alma al cuerpo en cada instante en que había estado con ella esa noche. No sé hace cuanto no me sentía así de pleno, así de bien y feliz, completo en todos los sentidos posibles. -También te amo, Mía.-Sonrió con ternura.-No vuelvas a irte nunca, por favor. Fue horrible. -No, no me iré a ningún lado. Mi lugar has siempre sido tú.-Volvimos a besarnos, felices. Esa noche durmió conmigo y me contó todo lo que había sucedido. Nunca estuvo en argentina, todo el tiempo estuvo en Guatemala y yo que golpee a un argentino que ni conocía… me dijo que su mamá llevaba ambos teléfonos en su bolso y este lo dejó olvidado en el baño del aeropuerto, era lógico que alguien encontró el bolso y luego se fue a argentina con él, no es por hablar mal de mi ciudad, pero es cierto que está llena de ratas y lacras sin escrúpulos, solo me preguntaba, ¿Quién demonios habría recibido mis cartas? Viajaron a la capital de Guatemala a pasarse las vacaciones en la casa de su tío. Según ella me explicó, después fue que su mamá decidió establecerse allá, le gustó mucho ese país y ella no se quejó, no tenía por quién o por qué regresar a Colombia y tristemente estuve de acuerdo, nada la ataba aquí y no tenía por qué reclamarle si decidió mudarse a otro lugar, no tenía ningún derecho a hacerlo. Solo me dolió mucho que ni siquiera se despidiera de mí y no es que ahora eso ya no me importe porque sí me importa, pero ella regresó y quiero que esas cosas queden atrás y quedarme con ella toda la vida si me lo permite. Me dijo que sí, que me extrañaba, pero que estaba tan dolida que por eso nunca dijo nada, ni cuando estuvo conmigo en el hospital o en el tiempo que nos acompañó después. Necesitaba olvidar lo que sucedió y que cuando quiso hablarme, fue muy tarde, me extrañó aún más a la distancia y creyó que ya no iba a volver, por eso no me escribió ni nada. Después de mucho insistirle a su mamá, regresaron a vivir aquí esta tarde y no tardó en venir a buscarme, agradecí que lo hiciera. No sé qué hubiese sido de mí si ella no hubiera regresado. No sé qué hubiera hecho, creo que habría vivido mi vida de la forma más amargada posible. En la mañana desperté junto a ella y no quería levantarme de la cama, quería seguir abrazándola, pero tenía que ir al baño. Desperté completamente feliz y dichoso. -¿Por qué te levantas a esta hora de la madrugada?-Se quejó mientras se tapaba la cabeza con una almohada. -Son las 11.-Reí y ella, me miró. Acaricié su espalda desnuda, lo único que cubría su desnudez, era una sabana delgada que cubría su espalda baja hasta sus piernas. Besé su espalda, sonrió.-Mmm, ¿te pareceré muy enfermo si ya deseo hacerlo de nuevo? -No, siempre has sido un pervertido detestable.-Rió y se dio la vuelta, me hizo señas de aprobación y de inmediato, volví a subirme sobre ella y abrir sus piernas, besé su cuello. ----- Ese día Mickey y Santiago se iban para España, sabía que sería muy dolorosa la despedida y por eso trataba de no pensar mucho en ello, solo me reconfortaba la idea de que ellos iban a regresar en las vacaciones de mitad y fin de año, cada una demora dos meses, así que los vería cuatro meses al año, pero no es lo mismo, creo que por este motivo, tampoco quería graduarme y sé que estas son las cosas que suceden, es lo mejor para ellos. Todos se gradúan y cada uno toma su rumbo, solo desearía que no lo hicieran tan lejos, pero no hay nada que pueda hacer. Habíamos planeado hacer algo épico para despedirnos, no sé qué tenían planeado ellos, pero sé que sería estupendo. En la tarde nos reunimos en la casa de Mickey ya que nos gustaba mucho ir allí. Mía fue conmigo y la recibieron muy bien, incluso Mickey se alegró al verla. Sonrieron al verme junto a ella, sabían cuánto la había extrañado. Vimos una película que sinceramente, fue una de las mejores que he visto, Benny & Joon, fue genial, me gustó todo lo de esa película. Fue elección de Mickey. En la noche fuimos a cenar hamburguesas cerca de la playa. En todo el tiempo que llevamos de ser amigos, nunca habíamos ido al mar. Mickey se bañó completamente desnudo y los demás no se sorprendieron de verlo hacer algo semejante, dijo que haría de esa una noche épica, pero no pensé que ese fuera el motivo. Mía no quería bañarse y por eso, Martín y Santiago la cargaron y la obligaron a meterse. Fue muy divertido, solo quería que la noche no terminara porque sabía que mis mejores amigos iban a irse y me daba mucho pesar. Cuando se acercaban las once, Martín sacó una botella de vino del auto para hacer una especie de brindis. Nos sirvió a todos, unimos nuestros vasos (no llevó copas) y dijo: ¡Por las cosas que vienen! -¡Por las cosas que vienen! Luego de un rato, llegó lo difícil. Debíamos despedirnos esa noche porque su vuelo salía en la madrugada. Abracé a los dos por separado y luego todos nos abrazamos, creo que sabíamos que iban a venir buenas cosas y eso fue un poco reconfortante. Deseaba que todo les saliera muy bien en ese país y esperaba algún día ir a visitarlos allá. Después de esto, pasaron tres años. Ellos cumplieron con lo prometido, regresaron sin falta todas las vacaciones y la pasamos muy bien cada vez que venían. Santiago había conseguido un trabajo estable allá y Mickey también tenía uno de medio tiempo. Martín se mudó con Adriana hace tiempo y los visito todas las semanas, ellos también vienen a verme, aunque a Martín lo veo todos los días porque trabaja conmigo. Mía y yo jugamos con Martina cada vez que vamos a verlos. Está muy grande y pasada de peso, Martín tanto que se quejó y la mal acostumbró un poco, es por eso que la había mandado el doctor a hacer dieta y ejercicio, a tan corta edad. Mi hermano me atormentaba, me rompía todas las cosas cada vez que me visitaba y por eso me gustaba mucho hacerlo llorar, no le pegaba ni nada por el estilo, pero me gustaba asustarlo de cualquier forma posible. Era muy chistoso hacerlo. No sé cómo siendo el tan pequeño, podía tener una voz tan gruesa. Todo el tiempo me decía que me iba a matar, con su voz espantosa y al final, lo terminaba amarrando en broma. También le gustaba usar un disfraz de superman todo el tiempo. Creo que era mi versión actualizada y peor, yo era así exactamente, di mucha lidia y amenazaba, creo que es algo que va en los genes. Mi carrera solo duró dos años y desde hace un año estoy trabajando con la policía de mi ciudad, Martín y yo nos encargamos de la unidad de homicidios, investigamos, también recreamos escenas de un crimen y todo lo que tenga que ver con esto. Nos iba muy bien, aunque yo a veces peleaba con un maldito que se llama Miguel, ese tipo siempre me hace bromas sin gracia que me sacan de quicio. Él trabaja en otro departamento, pero aun así me lo cruzo siempre y me toca aguantarme las ganas de estropearle la cara. Cuando empecé a trabajar allí, me mudé a un apartamento que encontré y Mía se mudó conmigo. Ella se encargó de decorarlo todo y cuando lo vi por primera vez terminado, me asusté muchísimo. Mi apartamento luce bastante tenebroso, pero no me importa, a Mía le gusta, entonces se quedará así. Hace unos dos meses le pedí que se casara conmigo en un restaurante y sin dudarlo me dijo que sí, la boda será dentro de unos seis meses. Ella quiere algo sencillo y todos vendrán, hasta Mickey y Santiago asistirán siendo que aún no es mitad de año. Estar con ella es estupendo, llena de alegría mis días con sus locuras. Nos reímos recordando las cosas que hacíamos de novios. Sobre todo, de cuando ella se trepaba para llegar a mi ventana o cuando me golpeaba todas las mañanas. Aún lo hace y aún baila para mí. Nos va bien y aunque no tengamos lujos ni cosas así, me basta y no me importa porque estoy con la persona que más amo en el mundo y no cambiaría por nada su compañía. Ella se queda en casa y pinta cuadros que la decoran, otros los vende y amo ver cuando hace estas cosas o cualquier cosa que le apasione. Porque ella es mi mundo y sé que todo estará bien mientras esté con ella. Mañana Mía y yo vamos a cazar un murciélago, quiere volver a tener uno. Fin
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