Esta vez las pesadillas no me despertaron, fueron los brazos que los hicieron. Cuatro me cargó. - ¿Qué haces? Suéltame — Supliqué. —Órdenes del jefe — Murmuró sacándome de la habitación. - ¿Dónde está Once? —Dije alterada moviéndose entre sus brazos pero ya me había amarrado las manos. —Esperándote ... Cierra el pico — Me subió en un auto en donde estaba Tres, Uno y Siete. - ¿A dónde me llevan? —Pregunté cuando el coche comenzó a moverse. —Ponle la cinta — Ordenó Tres. —Una vez dijo que no — Lo impidió Siete. —Que se la pongas ... No es tan cerca y no me aguantare sus malditas preguntas. —Uno me puso la cinta con brusquedad en la boca y yo me quejé. Empecé a chillar intentando que me respondieran. Tuve miedo ... Mucho miedo, era casi la misma sensación de miedo que cuando me sec

