LA BIENVENIDA

1158 Words
En ese instante, Ersaí recobra un poco su ánimo, y mira al taxista, y le dice: — Estoy bien. — Ah. — Gracias por preguntar. — ¿A dónde es que me dijo que lo llevará? — A ciudad Jardín. — Ah, sí, sí. Ersaí mete su mano al bolsillo derecho, y se lleva una sorpresa al sacar más dinero en su bolsillo, y se acuerda que su hermana lo abrazó, y dice: — ¡Inés! En seguida, Ersaí separa lo que le va a pagar al taxista, y se queda mirando por la ventanilla el recorrido de la ciudad... Minutos después, Ersaí llega al barrio donde su tía tiene la casa por la carrera ciento dos, y le paga al taxista, y se baja del taxi con su maleta. Y mira la casa. Cuando el carro se va. Ersaí toca su bolsillo izquierdo y siente que su teléfono no está, y se asusta, y corre a buscar en un lugar donde haiga un minutero, para llamar a su propio celular, y cerca de la casa encuentra donde llamar donde un señor. En ese momento, el taxi en que Ersaí viajo, recoge a un hombre que se sienta en la parte de atrás, y ve el celular de Ersaí, y lo coge. Cuando este timbra, pero este rápidamente lo apaga, y lo mete a su bolsillo. Ersaí timbra su teléfono, pero este se va a buzón, y dice: — ¡Se lo robaron! El dueño de los minutos escucha eso, y le dice a Ersaí: — ¿Usted miro el numero de la placa del taxi? — No, yo me confié pensando que tenía todo conmigo. — Bueno, más a delante te conseguirás otro teléfono. — Pero no como ese. — Parece que no tienes mucha fe, ah, muchacho, lo material se recupera. — Claro. — Oye, tú no eres de por aquí. — No, yo soy el sobrino de Martha, la señora de la casa de tres pisos café. — Ya sé quién es... El hombre le da la mano a Ersaí, diciéndole: — Mi nombre es Orlando Mansilla, y seremos vecinos, bienvenido. — Gracias, Orlando, yo soy Ersaí Vásquez Cardona. — Si necesitas algo me dices. — Bueno, gracias de nuevo. De inmediato, Ersaí camina hacia la casa de su tía, y queda de frente a la casa, y saca la llave, diciendo: — Espero que algún día todos puedan perdonarme. Ersaí mete la llave a la puerta y la abre, y entra a la casa en busca de sentarse en algún lado, para descansar un poco... En ese instante, Ersaí se sienta en una silla de la sala, y sus manos quedan llenas de polvo, y dice: — ¿hace cuánto es que no le hacen limpieza a esto? Ersaí se levanta y se limpia sus dos manos y brazos, sacudiéndose del polvo, y comienza a recorrer toda la casa, piso por piso... Minutos después, Ersaí recorre todo y comprueba que tiene luz eléctrica con los servicios en reglas, y vuelve a la cocina, y mira las ollas y los platos, y dice: — Toco aprender a cocinar... Ersaí abre la nevera, y al no ver nada, dice: — Es obvio que no iba a ver nada, en que estoy pensando, no estoy en mi casa... tengo que comprar comida para la noche y de la mañana. De inmediato, Ersaí sale de la casa y se va a la tienda, y compra comida para en la noche, y muchas papas fritas, y va regresando. Cuando Orlando lo ve pasar... Ersaí mira al vecino, y va nuevamente a donde está el, diciéndole: — Don Orlando. — Dígame, hijo, ¿en qué puedo ayudarle? — ¿Sera que usted ha escuchado de algún trabajo por acá? Es que no tengo mucho dinero, y necesito hacer algo para poder mantenerme. — Te entiendo, y te tengo un trabajo. — Gracias señor Orlando. — Pero, primero escucha si te gusta. — Cualquier cosa me va a gustar, lo que necesito es trabajar. — Que bueno escuchar a un joven con tantas ganas de trabajar. — Si, necesito salir adelante y terminar mis estudios. — Bueno, bueno, voy hablar con una sobrina, para que te de trabajo en la Industria Textilera Camitex, eso queda en la comuna ocho. — Gracias señor Orlando. — De nada hijo, cuando hable con ella, te avisaré. — Gracias de nuevo. — Espero que repongas el celular que perdiste. — Si. En ese momento, Ersaí se despide de su nuevo vecino, y entra a la casa de su tía, y cuando cierra la puerta, piensa en el error que cometió, y se pone triste... 7:10 pm, la vecina de la casa que queda ala derecha, y la otra vecina que queda a la izquierda, miran desde sus casas, que la casa de Martha tiene los bombillos encendidos, y la vecina de la casa del lado izquierdo, baja y se pone en el andén de la casa de Martha, y llama a la otra vecina con señales... Segundos después, las dos vecinas se reúnen, y la que llamó a la otra le dice: — ¿Sera que Martha fue capaz de llegar de Europa, de tan lejos y no decirnos nada? — Tal parece que sí, debe ser que le fue mal y se vino a escondidas para que no la vean. — ¿Tú crees que le fue mal allá? — Pues, yo creo que sí, ¿cómo explicas esto? Esta encerrada sin decirle a nadie que ha llegado. — Debe de tener pena, pobrecita. — Toquemos y démoles la bienvenida. — Si... En ese instante, las vecinas tocan la puerta, y una de ellas; con el desespero de ver a Martha, toca el timbre varias veces. Ersaí está comiendo unas papas, y se asusta al escuchar tantos timbrados, y dice: — ¿Sera que mis padres se arrepintieron de a verme echado de la casa?... vamos a ver quién es. Ersaí pone en la mesa sus papas fritas, y abre la puerta. Cuando las dos vecinas se quedan frías al ver a Ersaí y no a Martha, y una de ellas, le dice: — ¿Quién es usted? — Yo soy sobrino de Martha. Y ahora voy a estar viviendo aquí. La otra señora le dice a Ersaí: — ¿Y doña Martha está de acuerdo con eso? — Pues eso es algo familiar, que se trata entre familia, ¿entienden? Al mismo tiempo, las dos dicen que sí. Cuando Ersaí le pregunta: — ¿Ustedes son de por acá? — Si, somos vecinas, yo soy Lucrecia, y vivo aquí al lado derecho, vamos hacer vecinos. La otra señora dice a Ersaí: — Mi nombre es Filomena, y yo vivo al lado izquierdo de su casa, y le doy la bienvenida a este barrio, cualquier cosa que necesite, aquí estaremos. — Gracias, muchas gracias. Me pueden llamar Ersaí, y me da gusto en conocerlas...
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