La Ambición Julian estaba recostado en el sillón de su oficina, la corbata desanudada y la chaqueta caída a un costado. La luz azul de los monitores iluminaba su rostro, pero no había brillo, solo un fuego contenido en sus ojos. Frente a él, la transmisión de noticias continuaba mostrando imágenes de su prima e informando su emergencia: Aurora, serena y sonriente, ajena a la tormenta que se avecinaba. La noticia no era trivial: su embarazo seguía adelante y cada segundo que ese bebé existiera significaba que sus planes para tomar el control de Hasting Jewels se postergaban… o se frustraban. - Maldita sea… - susurró entre dientes, apretando el borde del escritorio hasta que los nudillos se tornaron blancos. Apretó la mandíbula, los dedos temblaban, el eco de la advertencia de su abuelo se

