Capítulo 8. De otro universo

1248 Words
Leona cerró la puerta de la enfermería con un clic suave, pero firme. El pasillo exterior era un corredor estrecho de madera y piedra, iluminado por lámparas solares que proyectaban un resplandor cálido y constante. Viktor y Savage estaban allí, esperando. El alfa se apoyaba contra la pared, brazos cruzados, su expresión era una máscara de impaciencia controlada. Savage, a su lado, parecía más inquieto: los ojos claros fijos en la puerta, como si pudiera ver a través de ella. Leona exhaló despacio, frotándose las sienes. —Está estable, pero… es muy extraño —dijo en voz baja, mirando primero a Viktor y luego a Savage—. No sé por dónde empezar. Viktor se enderezó ligeramente. —Inténtalo. Desde el principio. Leona asintió. —Dice que viene de aquí. De "este mundo", pero… no coincide nada. Cree que estamos en 2025. Que el presidente de Estados Unidos es Donald Trump. Que John Kennedy Junior murió en un accidente de avión en los noventa. —Hizo una pausa, dejando que las palabras se asentaran—. Cuando le dije que estamos en 2045 y que Kennedy es el presidente actual, casi entra en pánico. Repetía que no es posible, que esto tiene que ser un sueño. Savage frunció el ceño, pero no dijo nada. Viktor, en cambio, soltó un bufido bajo. —¿Y qué? ¿Está loca? ¿O es una espía con una historia mal armada? Leona sacudió la cabeza. —No. No miente. Su pulso no varió, su olor no cambió. Está aterrorizada, pero convencida. Y hay más: dice que Ariel —miró a Savage— es su esposo. Que murió hace un año en un accidente de auto. Savage se tensó visiblemente, pero siguió en silencio. Viktor lo miró de reojo antes de volver a Leona. —¿Y tú qué piensas? Leona se mordió el labio inferior un segundo. —Lo único que se me ocurre es algo que estudié en la facultad, hace años. Un profesor llamado Yates. Era un experto en física cuántica y fenómenos changer. Hablaba de la posibilidad de viajar entre universos paralelos. Teorías sobre multiversos, donde cada decisión crea una rama diferente. Yates desapareció misteriosamente poco después de publicar un paper sobre eso. Nunca se supo qué le pasó. Algunos decían que el Comando lo silenció; otros, que él mismo probó su teoría y… se fue. Viktor resopló, descruzando los brazos. —Es una locura. Suena a película de ciencia ficción barata. ¿Universos paralelos? ¿Ella viene de uno donde Kennedy murió y Trump es presidente? ¿Y Savage es su esposo muerto? Leona lo miró fijamente. —¿Realmente? Piensa en todo lo que hemos visto, Viktor. Humanos con poderes que teletransportan objetos o a ellos mismos, changers que manipulan a otras personas con su mente. Hemos visto cosas que la ciencia de hace años llamaba imposibles. ¿Por qué no esto? Viktor abrió la boca para replicar, pero en ese momento unos pasos ligeros resonaron en el pasillo. Ada apareció al final del corredor,una humana pequeña y rubia, con el cabello suelto cayéndole en ondas hasta la cintura. Vestía una túnica ligera de lino verde, que contrastaba con su piel pálida. Sus ojos violetas se iluminaron al ver a Viktor, pero se ensombrecieron al notar la tensión en el aire. —¿Qué sucede? —preguntó, acercándose rápido. Viktor extendió un brazo y la atrajo hacia él en un abrazo protector, besándole la sien. “Nada bueno”, le transmitió telepáticamente, su voz mental cálida pero preocupada."La humana que Savage trajo… es un enigma. Dice que viene de otro mundo, o algo así. Y que él es su esposo muerto.” Ada se tensó en sus brazos, pero en voz alta mantuvo la calma. —¿Quieren que intente interrogarla? —ofreció, mirando a Leona y Savage—. Puedo entrar, hablar con ella. Mi telepatía no es tan alta pero puedo intentarlo. Viktor sacudió la cabeza, aún abrazándola. —No. No quiero exponerte. Si es una amenaza… Ada lo miró, sus ojos encontrándose con los de él. “Soy tu compañera y una poderosa, no una flor delicada”, le envió mentalmente, con un toque de reproche juguetón. En voz alta, agregó: —Entonces, llamemos a mi hermano. Draco está aprendiendo aún pero es un excelente telépata, y empático. Sabrá si miente o no. Ya puede leer las intenciones como si fueran palabras en una página. Viktor frunció el ceño. —No quiero exponer a Draco tampoco. Es un cachorro aún, apenas entro a su veintena y si esto es una trampa psíquica… Leona intervino. —Podríamos llamar a Gia. Su pareja Peyton la puede teletransportar desde el territorio Falcone en minutos. Gia se ha convertido en una experta con mentes fracturadas, y puede entrar y salir con facilidad aparte junto a Peyton es fuerte y juntos pueden combinar su poder, para ellos esta humana no representa una amenaza —o lo que sea esto. Viktor se pasó una mano por el cabello, pensativo. Era el alfa de la manada Summer, y cada decisión pesaba como una cadena. Los Falcone eran aliados, pero antiguos rivales aunque hubieran pasado más de cien años. Llamarlos significaba admitir que algo en su manada escapaba a su control. Y eso no le gustaba a Viktor, ni siquiera con Michael Falcone al que tenía en la más alta estima. —No sé si quiero involucrar ya a los Falcone —dijo al fin—. Esto podría ser interno. Podría ser una humana con poderes latentes, o una ilusión. Ada se separó un poco de su abrazo, poniéndole una mano en el pecho. —Es lo más adecuado, Viktor. Si es verdad lo de los universos… Gia ha estudiado teorías similares. Y Peyton es discreto. Viktor suspiró, mirando al techo un segundo antes de asentir a regañadientes. —No deja de ser la mano derecha de Michael y su lealtad está primero con su alfa…Bueno haremos lo siguiente. Llama a Draco primero. Si no lo resuelve, entonces Gia. Savage, que había estado en silencio todo el tiempo, finalmente habló. Su voz era baja, casi un gruñido. —Ella me dijo Ariel —murmuró, como si las palabras le quemaran la garganta—. Me miró como si me conociera. Como si… Leona se volvió hacia él con delicadeza, poniendo una mano en su brazo. —Ariel es su esposo, Savage. Su esposo muerto. Para ella, tú eres él. O una versión de él. Savage se quedó quieto, procesando. Su lobo interior gruñó, no de amenaza, sino de algo más profundo, un anhelo que no entendía. Cerró los ojos un momento, recordando el aroma a rosas que lo había envuelto cuando la cargó. Recordando el tirón en su pecho cuando ella pronunció su nombre verdadero. —Siento algo —admitió al fin, abriendo los ojos. Su voz era ronca, vulnerable—. Un tironeo hacia ella. Como si mi lobo la reclamara. Nunca sentí algo así con una hembra. Es… intenso. El pasillo se llenó de un silencio espeso. Viktor lo miró fijamente, Ada con los ojos muy abiertos, Leona tragó saliva nerviosa. Nadie dijo nada, pero todos lo sabían. Ese tirón solo sucedía con parejas destinadas. La llamada del emparejamiento. Un vínculo que no se elegía, que el destino imponía. Pero ¿con una humana de otro universo? ¿Con la viuda de una versión muerta de él mismo de otra dimensión? Era demasiado, incluso para ellos.
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