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1092 Words
El sol salió como si nada, iluminando la mansión con una luz copada y marcando un nuevo día lleno de "arte y joda". Isabella, Alexander, David y Emilia, junto con la comunidad que había compartido una jornada de creatividad y celebración del arte, se reunieron en la sala de estar con una energía relajada y las ganas de seguir pasándola bien. La sala de estar, ahora con trazos artísticos en las paredes y una onda de alegría, ofrecía un ambiente descontracturado y lleno de buena vibra. Se sentaron alrededor de la mesa del desayuno, donde se servían platos con estilo y charlaron sobre la movida del día. Isabella, con una sonrisa pícara, tiró, "Che, hoy seguimos con la movida artística. ¿Quién se copa con unos grafitis en las paredes exteriores? ¡Queremos más color en la mansión!" Alexander, riendo, contestó, "¡Dale, Isabella! Pero cuidado con salirte del margen, que no queremos tener problemas con los vecinos." Decidieron arrancar la mañana con la pintura de murales comunitarios en las afueras de la mansión. Emilia, entre risas, propuso, "Vamos a dejar nuestra marca en el barrio. Que todos vean que acá se respira arte y buena onda." David, con entusiasmo, dijo, "Además, podríamos invitar a los vecinos a sumarse. ¡Una movida comunitaria en grande!" La mañana avanzó entre risas, manchas de pintura y anécdotas divertidas. Entre brochazos y burlas amistosas, surgió la idea de organizar una muestra de arte callejero para exhibir las creaciones de la comunidad y de otros artistas locales. Isabella, con una lata de aerosol en la mano, exclamó, "Che, ¿y si organizamos una especie de galería callejera? Podríamos convocar a artistas del barrio. Va a estar repleta de color y buena onda." Alexander, asintiendo, agregó, "Buena idea, Isabella. Así mostramos el talento local y armamos una juntada para disfrutar de la movida artística." La mañana se llenó de risas, arte y la promesa de más movidas por venir. Decidieron cerrar la mañana con una ronda de mates y facturas en los jardines, disfrutando del sol y la compañía. Después del almuerzo, se retiraron a la terraza para planificar la muestra de arte callejero. David, mate en mano, dijo, "Vamos a necesitar una banda copada para la inauguración. ¿Alguien conoce a algún grupo local que quiera sumarse?" Emilia, pensativa, respondió, "¡Claro! Podríamos preguntar en el bar de la esquina. Seguro tienen algún dato de una banda que le ponga onda a la movida." La tarde se llenó de ideas y preparativos para la muestra. Entre llamadas y risas, acordaron invitar a toda la comunidad del barrio. "¡Queremos que esto sea la movida del año!", exclamó Isabella, levantando su vaso de mate. A medida que avanzaba la tarde, la excitación por la muestra de arte creció. La mansión, ahora impregnada con la huella de la "joda artística", aguardaba el próximo día con la certeza de más risas por compartir, más colores por explorar y más capítulos emocionantes que agregar a la historia en constante evolución de la mansión y la comunidad. El sol se asomó de nuevo, como el DJ de la naturaleza, iluminando la mansión con una luz festiva y marcando un nuevo día lleno de "música y pachanga". Isabella, Alexander, David y Emilia, junto con la comunidad que había compartido una jornada de arte y diversión, se reunieron en la sala de estar con una energía contagiosa y las ganas de seguir con la movida. La sala de estar, ahora con algunos rastros artísticos y una atmósfera relajada, ofrecía un ambiente vibrante y lleno de expectativas. Se sentaron alrededor de la mesa del desayuno, donde se servían platos con sabor a fiesta y charlaron sobre los planes para el día. Isabella, con un brillo en los ojos, lanzó, "Gente, hoy le metemos música y pachanga. ¿Qué les parece armar una especie de festival en el patio? Con música, comida rica y onda festiva, ¡va a estar para el infarto!" Alexander, asintiendo con entusiasmo, dijo, "¡Esa es la movida, Isabella! Hagamos que la mansión retumbe con buena música y buena onda. ¿Alguien tiene contactos con alguna banda copada?" Emilia, riendo, respondió, "Por supuesto, chicos. Conozco a unos pibes del barrio que tocan en una banda de cumbia. ¡Van a ponerla linda!" Decidieron dedicar la mañana a la preparación del escenario y la zona de pachanga. David, con una herramienta en mano, exclamó, "Vamos a necesitar un escenario bien armado. ¿Alguien se anima a construirlo?" Isabella, riendo, levantó la mano, "¡Yo tengo la habilidad artística, pero también me banco una herramienta! Armamos el escenario entre todos, ¡va a ser épico!" La mañana se llenó de risas, martillazos y el aroma de la comida que se cocinaba para la pachanga. Entre construcción y música de fondo, surgió la idea de incluir un área de juegos para los más chicos y transformar el día en un evento para toda la familia. Alexander, jugando con un destornillador, comentó, "Che, ¿y si armamos una zona con juegos para los chiquilines? Así los padres también pueden relajarse y disfrutar de la pachanga." Emilia, aplaudiendo la idea, dijo, "¡Buena movida, Alexander! Además, podríamos organizar un concurso de disfraces para los chicos. ¡Va a ser la diversión total!" La mañana avanzó entre risas, bricolaje improvisado y la anticipación de lo que vendría. Decidieron cerrar la mañana con una ronda de mates y una pequeña prueba de sonido para asegurarse de que la música estuviera a la altura de la fiesta. Después del almuerzo, se retiraron a la terraza para afinar los últimos detalles. David, con una lista de reproducción en mano, propuso, "Che, ¿alguien tiene sugerencias de canciones para la fiesta? Queremos que la gente baile y la pase bomba." Isabella, levantando la mano, exclamó, "¡Obvio! Pongan algo de cuarteto, cumbia y unos clásicos que no fallan. ¡Vamos a hacer bailar hasta al que tiene dos pies izquierdos!" La tarde se llenó de risas, música y el montaje final de la fiesta. Entre pruebas de sonido y risas, decidieron invitar a todos los vecinos y amigos del barrio a sumarse a la pachanga. A medida que avanzaba la tarde, la emoción por la fiesta creció. La mansión, ahora impregnada con la huella de la música y la pachanga, aguardaba el próximo día con la certeza de más risas compartidas, más bailes por disfrutar y más capítulos emocionantes que agregar a la historia en constante evolución de la mansión y la comunidad.
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