La bruja se lanzó a correr, su silueta roja recortándose contra la penumbra del pueblo, los tacones repicaban como un tambor de guerra sobre la madera húmeda del puente viejo, un eco que se mezclaba con el murmullo del río bajo ella, su respiración era calmada, casi burlona, como si aquella carrera fuese parte de un juego que solo ella comprendía. Sin embargo, el aire se cortó con un estruendo, el licántropo apareció de golpe, saltando de un extremo a otro del puente con la agilidad grotesca de un animal salvaje, cada salto era un golpe seco que hacía crujir la estructura, como si las tablas fueran incapaces de soportar su peso. La bruja volteó un instante y lo vio en pleno movimiento, su silueta oscura avanzando como un espectro desbocado, la visión la hizo reír, una risa clara y cruel q

