1. Esto no sabe a mojito

1331 Words
No importaba cuanto mirara aquel tazón verde que tenía entre sus manos. Nada se solucionaría haciéndolo. Un poco más de seis meses en Los ángeles y Audrey no había conseguido más que dos empleos paseando perros y unas palabras de aliento de un director de casting para una serie de televisión. Realmente estaba fracasando en todo su esplendor y eso le dolía tanto que ni siquiera su comida favorita podía solucionarlo. Y ahora estaba sentada allí, mirando su cereal favorito deshaciéndose en la dulce leche de almendras mientras pensaba en como acceder al mercado n***o para vender uno de sus órganos o en como invocar al diablo y vender su alma a cambio de un papel que la ayudara a solventar sus gastos. Después de todo estaba en Los ángeles, era lo que molaba allí, ¿No? —¿Qué haces?—Preguntó una voz detrás de ella. El sonido de unos tacones y unas bolsas le confirmaron que se trataba de su roomie Agatha llegando de una tarde de compras. Audrey miró a la muchacha quien lucía demasiado radiante y feliz para su gusto. —Nada, sólo me lamento—Respondió. —¿Qué sucede ahora?—Preguntó la muchacha rubia. Dio unos pasos hacia ella y se sentó frente a ella en la barra de la cocina. —Esta mañana hable con Liz—Audrey tomó la cuchara y comenzó a revolver el contenido. Agatha cambió rápidamente su rostro. —¡Ay no! ¿Has estado sentada aquí durante toda la mañana? Audrey asintió. —Audrey, debes dejar de contestar sus llamadas—Agatha tomó el tazón de su compañera y lo dejó sobre el lavaplatos. La morena no protestó y sólo dejo que la rubia cometiera la terrible acción de tirar su cereal favorito. —No puedo, es mi hermana. Sólo quiere saber de mí. —Sólo quiere saber si sigues sin conseguir un papel. Ella sólo quiere regocijarse con tu derrota y eso no es sano. —Bueno, quizás es cierto. Quizás Liz tenga razón. Soy una fracasada que pensó en triunfar en Hollywood—Audrey miró a su amiga caminar hasta uno de los muebles de la cocina, tomó una copa y luego se la tendió a ella. —¿Blanco o tinto?—Preguntó la rubia. —¿No es muy temprano para beber? Ni siquiera he desayunado aún. —¿Enserio?—Preguntó enarcando una ceja. —Blanco y muy dulce por favor. La rubia asintió y buscó la botella de vino blanco en uno de los muebles de la cocina. —Mira Audrey, sólo necesitas tiempo. Tomaste una idea arriesgada y viniste aquí sólo, aún sabiendo que la mayoría de los asesinos seriales pasan por los ángeles y ni hablar de las sectas—Soltó Agatha mientras le tendía una copa de vino blanco repleta hasta el borde. —Lo sé, quizás no debería haber abandonado la universidad y seguir un estúpido sueño. Ese es mi problema. —No seas tonta. No porque tu hermana sea la representación de lo que hay que hacer bien esta vida significa que debes imitarla. Así que por favor deja esos lamentos y mira la situación como algo positivo, ¿Está bien? —No es tan fácil Agatha, yo te debo ya casi dos meses de renta y además una docena de donas que comí ayer. —¿Qué? ¿No que era para un uber? —Preguntó. —No, me fue pésimo en la audición y necesitaba comer algo dulce—Soltó la muchacha antes de beber todo el contenido de su copa. —¡Vaya! Mira no te preocupes, yo tengo lo suficiente. Tengo un buen trabajo y además Michael me ayuda con mis gastos. —¿Acaso él no tiene algún amigo soltero que pueda hacer lo mismo por mí? ¿Por esta alma desamparada? —Preguntó Audrey llenando nuevamente su copa. —No, pero tienes una amiga que te tiene una oferta de trabajo. —¿Enserio? ¿Cuál? —Preguntó entusiasmada. —Mira no quiero que te emociones porque no es un papel, pero si es un trabajo que te ayudará a solventar tus gastos. ¿Ok? —Esta bien, sólo dime. —Bueno tu sabes que soy la maquilladora de Christine Elgort. —¿La actriz de Lagrimas salvajes y La chica de tus sueños? —Soltó con desenfreno. Agatha asintió. —Ella misma. Hoy estaba preparándola para una escena cuando me comentó que necesitaba una niñera para su hijo Dante y que la necesitaba con rapidez porque pronto comenzaría las grabaciones en Portugal para una serie de fantasía o algo así. Bueno yo como buena amiga que soy le comenté que conocía a alguien que era enfermera y que era muy buenas con los niños—Dijo a la vez que le guiñaba un ojo—Bueno todo se dio espectacularmente, le di tus datos y mañana vas a una entrevista en su casa. —¡Por Dios! Agatha yo no sé que decir, siento demasiada presión. ¿Qué pasará con las audiciones? ¿Acaso me gustan los niños? —Tranquila, todo saldrá excelente. Sólo debes ser tú misma o una versión mejorada. Sólo al momento de la entrevista. Además, tendrás los findes de semana libre y tienes el tiempo para asistir a cualquier audición. ¿Estás contenta? —Preguntó Agatha mientras observaba su rostro. —Sí, lo estoy. Estoy demasiado feliz. ¡Gracias! —Soltó Audrey con una sonrisa en sus labios. —De nada, ahora debemos celebrar—Dijo la rubia rellenándole la copa nuevamente—Hoy iremos a un club muy lindo con mis amigas y no puedes decir que no. *** —¡Por Dios! —¿Qué sucede? —Preguntó Agatha mientras intentaba bailar entre la multitud. —Es el trago más caro que me he bebido—Soltó Audre mientras observaba su vaso vacío. —¿Y? —Es que no lo disfruté. Acabo de googlear su precio en internet y ya me siento culpable. —Tranquila, ya te lo bebiste, sólo puedes hacerlo regresar en el baño junto a tus jugos gástricos—Soltó la rubia con el rostro lleno de risa. —Eres realmente asquerosa cuando bebes—Dijo tomándola del brazo—Vamos donde las chicas, no quiero perdernos. —Esta bien. —Ahí están, volvieron justo a tiempo—Pronunció Sara con una sonrisa maliciosa en su boca. —¡Uh! ¿Jugaremos esta noche? —Preguntó Agatha dando un paso al frente. —¡Así es! —Contestó Sara a la vez que las dos chicas a su lado le seguían el juego. —¿Qué? ¿Jugaremos? —Preguntó Audrey dejando su vaso sobre la mesa. —Sí, es muy divertido. —Si es un juego de beber prefiero pasar porque todas están demasiado ebrias y yo necesito tener bajo control esta situación. —No la escuchen, es sólo que mi amiga se pone demasiado tensa, pero yo creo que debemos darle un empujoncito para que comience a sentir la fiesta—Dijo Agatha mientras le guiñaba un ojo a Sara. —Oh, sí. Debes relajarte un poco y esto te ayudará—Sara sacó un cigarro electrónico de su cartera, lo encendió y luego se lo tendió a la pelinegra de Audrey. —¿Qué es? —Preguntó. —Es sólo un cigarro electrónico, tiene sabor a mojito—Respondió Agatha con una sonrisa en sus labios. —Amo el mojito—Respondió Audrey saboreándose—Y es una falta de respeto que en este establecimiento no tengan ese delicioso trago. ¿Qué es un bloody mary? No es una delicia comparada a mis mojitos de frambuesa—Soltó Audrey mientras ponía el cigarro en su boca para comenzar a aspirar el humo que emanaba. —¿Y? —Preguntó Sara. —Esto no tiene sabor a mojito—Dijo soltando humo de su boca, a la vez que tosía de forma escandalosa. Sara y Agatha rieron.
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