Era su ultimo día de descanso, la cabeza ya no le dolía, las náuseas habían desaparecido y recientemente había tomado un baño de tina que la había dejado con el cuerpo cálido. Pero lastimosamente nada parecía hacerla sentir bien porque su mente estaba demasiado atormentada como para sentir satisfacción por esas cosas. Estaba recostada en su cama, rodeada de almohadones afelpados y papas fritas de sabor queso cheddar, cayendo en la imagen de lo que sería su paraíso perfecto, pero estaba deprimida, molesta y un poco estreñida. Y todo gracias a la culpa que sentía desde aquella mañana. Mientras apretaba los botones del control remoto para cambiar el canal, se daba cuenta que no sólo ella estaba en su contra, si no que el mundo entero se estaba encargando de castigarla con cada película qu

