Vito: Ver el rostro sonrojado de mi vida no tiene precio, esto no se parece en nada a lo que sucedió la semana pasada entre nosotros, aun así, no cometeré el mismo error, no la marcare, aun no. Aprovecho el momento en el que mi hermosa human se pierde apreciando mi musculatura y, retiro esa espantosa sudadera, que desde que llegué está estropeando la imagen dé sus exquisitos pechos, y ¡por las Diosa!, mi compañera no usa sostén, ya lo había sospechado, pero ahora lo estoy confirmando y me encanta. — Creo que no te gusta usar sostén ¿verdad? — la necesidad de saber todo de ella me impulsa a preguntar. — No, no me… Ha, Vito. Me encanta cada cosa de ella, como gime mi nombre, como se derrite cuando mi lengua recorre y juega con sus pezones, rosados y cálidos, duros y sueves, perderé la

