CAPÍTULO OCHO Chloe hizo todo lo posible para mantener sus sentimientos bajo control, pero ser una agente en acción era tan nuevo para ella que la hacía sonreír cada vez que tenía la oportunidad de mostrar su placa e identificación. Se percató de que lo estaba haciendo mientras ella y Moulton hablaban con el dueño/arrendador del complejo de apartamentos de Gladstone. –¿Del FBI? –preguntó el dueño, genuinamente sorprendido–. ¿Para qué diablos necesitan hablar con la Srta. Dixon? –era un hombre anciano, de unos setenta años que escondía sus canas bajo un sombrero de John Deere. –No podemos decírselo –dijo Chloe–. Aunque, para su tranquilidad, puedo asegurarle que no se trata de nada que ella haya hecho. –Se trata del asesinato de Lauren Hilyard, ¿verdad? –preguntó el dueño. –Lo siento,

