El cielo está agitado, las criaturas del Creador están luchando, uno de sus ángeles se negó a amar como Él, aquel que era el lucero del alba se ha levantado contra el amor de los amores y consigo se ha llevado a miles por detrás.
Lucifer se nombró, es astuto... y antiguamente el más hermoso serafín. No pudo soportar someterse a criaturas tan "insignificantes" como son los humanos, pero su mayor repulsión fue enterarse que existiría una doncella, la más pequeña en la tierra pero la más grande en el cielo, y que ella albergaría en su seno a nuestro Señor.
- ¡No puede ser posible! - exclamó furioso - Criaturas estupidas que no tienen ni un ápice de comparación conmigo, como se le ocurre al Creador ponernos a su servicio.
Con ese odio creciendo en su interior.. actuó contra ellos.
Engañó a la primera Mujer... Eva, tan pulcra y dulce al ser creada por nuestro Señor, y seguidamente también al primer hombre... Adan.
¡Que dolor! ¡Que dolor que sintió el Creador, al ver como su criatura perfecta rompía por completo su conexión divina!
Ustedes se alejaron de quien más los ama, y mientras se perdían... el cielo rugía.
¡¿Quién como Dios?! - gritaba el pequeño arcángel Miguel - ¡Nadie como Dios! - Respondimos todos a coro.
Espada contra espada, golpe contra golpe, veo como ángeles caen en la batalla, y cuando todo parece perdido... vemos a Miguel arremeter contra Lucifer, la batalla es feroz la más alta clase celestial contra una de las más bajas clases entre nosotros.
Sin embargo, en toda la batalla Miguel nunca retrocede, y para sorpresa del Serafín el pequeño Arcángel comienza a sobrepasarlo, la tensión está en el aire... cuando de pronto una de las espadas se rompe y vemos al ser celestial sometido.
Miguel ha sobrepasado, y se alza victorioso frente a un caído Lucifer.
- Tonto... el Creador nos ama tanto y por tu simple soberbia has renunciado a lo más preciado - Miguel refleja decepción y dolor, todos estamos igual... nuestro hermoso hermano se encuentra tan desfigurado por dejarse someter ante el odio.
- Tontos ustedes que aceptan someterse ante criatura inferiores a nosotros - exclama Lucifer.
Está derrotado pero su mirada no deja de reflejar dureza y odio
- Pero ya verán... no piensen que estoy derrotado, este solo es el principio... estaré ahí, entre ellos, los seres que tanto quiere el creador son tontos y frágiles, unas pocas palabras y renuncian a Él, lo verán, verán como me llevó a la perdición a cada alma, como me alabaran a mi al final, ¡TODOS SE SOMETERAN ANTE MÍ! - se escucha su risa, tan tenebrosa que podría helar los huesos de cualquier criatura.
- La Luz jamás será tragada por las tinieblas, Él nunca se dará por vencido con ellos, y nosotros estaremos ahí para pelear contra ustedes, porque el amor siempre prevalecerá - sin más Miguel balancea su espada.
Lucifer sonríe... pero desaparece, un silencio sepulcral invade el ambiente y de pronto empiezan los gritos.
- ¡Gloria a Dios! ¡Gloria a Dios! - exclamamos con euforia pues el cielo no ha sido corrompido.
Estamos casi en extasis cuando de un momento a otro... Lo sentimos... todo se queda en silencio y poco a poco cada cuerpo celeste se pone de rodillas para recibir al Creador.
Es tan hermoso, magnífico, respladece tanto, no puedo ni quitar mi ojos de Él sumergido en el extasis de su presencia, no... ciertamente no puede ser contenido por palabras, es tan grande la dicha que se siente en su presencia que las palabra no hacen justicia a la magnificencia del Creador.
- Esto es el principio mis niños, con todo mi dolor debo advertirles que esta batalla es la primera de muchas, amo a todos mis pequeños, pero de todos... el ser humano es el más frágil - vemos el dolor reflejado en los tiernos ojos del Amor - por ello... a cada uno le encomendaré un alma, será su misión traerlos a casa. Pero para que esto sea posible, tendré que entregarme en sacrificio por ellos, para que mediante mi sangre, sus culpas sean lavadas y nuevamente podamos unirnos como uno.
Y así años... siglos y milenios comenzaron a pasar.
El Creador lo siguió intentando todo para que nuevamente se unan a Él, pero ninguno se digno a entregarse del todo, hasta tal punto que tuvo que entregarse el mismo.
El Verbo se hizo carne y hábito entre ustedes, se encarnó por el Espíritu Santo en las entrañas de la doncella sin mancha... María, en quien Dios se gozó.
Dios hijo fue encarnado y creció en la pobreza.
El salvador del mundo fue criado por un simple carpintero, el justo José.
Al llegar el tiempo Jesús se dió a conocer, llevó la palabra a todas las almas posibles, muchos la escucharon... pero muy pocos las guardaron en sus corazones.
Fue entregado por uno de sus cercanos y padeció dolores que ningún ser pudiese soportar, pero aún en el dolor... Dios hijo en su inmenso amor rogó por ustedes.
Con su sangre fueron redimidos, ahora nuevamente eran uno con el padre todos aquellos que vivían para el Amor, y no le bastó morir por ustedes, pues venció a la muerte, los dotó de Dios Espíritu Santo y subió al lado del Padre para prepararle su morada en el Cielo.
Y desde ese momento, empezaba nuestra misión, estamos listos para la batalla, sedientos de victoria, pues cada alma es un tesoro para el Cielo.
Mi querida alma te esperé durante milenios, eres mi misión, y te amo tanto, tanto que estoy seguro... no podrías medirlo.
Pero es hora... ¡Ya es hora!, empieza mi batalla por llevarte al cielo.