El duque Rhiaim envió un mensaje a su madre, diciendo que tenía algo importante que preguntarle. Inesperadamente, ella lo llamó al instante, así es que activó su comunicador y vio su rostro proyectado en él. - ¿Qué tal, querido hijo? – le saludó la reina Jucanda – No sueles escribirme a menudo. ¡Casi te olvidas que tienes una madre! - Estuve algo ocupado, ya sabes. Esto de ser duque es agotador – dijo Rhiaim – pero dejemos esta charla ya que quiero hablarle de algo que puede afectarte. - ¿Afectarme? ¿Acaso mi vida está amenazada de nuevo? - ¡No es eso! En realidad… quería saber si, durante los últimos diez años de tu reinado, recibiste una carta escrita por un tal Roger que habla sobre la eterna juventud. - ¿Eterna juventud? - Sí

