__ Helena, ¿Qué haces aquí?
__ Vine a ver cómo estabas. ¿Puedo pasar?
Juliana me invitó a entrar y a sentarme.
__ Quería asegurarme de que estabas bien. ¿Lo estás?
__ Sí, no te preocupes. ¿Sólo viniste a eso?
__ No. El profesor de inglés mandó una actividad para la próxima semana en pareja. Estás conmigo.
__ Te lo agradezco Helena, nadie quiere estudiar conmigo. Disculpa si fui grosera.
__ Es lo menos que puedo hacer por ti. Eres una chica muy linda.
Sentí sonrojarme luego de ese comentario, no sé qué pasaba por mi mente. Juliana comenzó a reírse de mí. Dejó de reírse, me miró con complicidad y me dio una palmada en la espalda.
__ Tranquila, no se lo diré a nadie.
Ciertamente sus palabras me reconfortaron, me sentía tranquila con mi secreto a salvo.
Al cabo de un año, nos hicimos muy amigas y nos volvimos inseparables. Me agradaba pasar tiempo a su lado. Disfrutábamos compartir momentos juntas. Un veinte de febrero, a eso de las seis de la tarde me llamó a mi casa. Recuerdo sus palabras: «Helena ven, te necesito. Estoy muy triste, ven por favor...».
Le dije a mamá que dormiría en casa de una amiga del colegio y arreglé algunas cosas para irme.
Me horrorizó su estado, estaba realmente mal. La abracé para consolarla.
__ ¿Por qué estás así? ¿Quieres contarme?
__ Hoy es el segundo cumpleaños que paso sin mis padres. ¡Cuánta falta me hacen! Cuánto duele no tenerlos. Me siento tan sola.
Luego de esto, rompió a llorar. Sentía que estaba en una especie de agujero n***o, no sabía cómo sacarla de ahí.
Mientras secaba sus lágrimas, pude observar con más detalles sus hermosos ojos azules. Ella a su vez miró los míos y poco a poco nos fuimos acercando hasta juntar nuestros labios.
Sí, nos besamos, y me atrevo a decir que ese beso me llevó al infinito y más allá... Nos separamos y la llevé a su cuarto. Me acosté a su lado. La rodeé con mi brazo desde atrás.
__ Todo va a estar bien - le susurré - Estoy aquí contigo. Nunca más te sentirás sola.
Al día siguiente me desperté por el sonido de mi celular. Era mi hermano, me pedía que viniera con prontitud. Juliana seguía dormida, me levante con suavidad para no despertarla. Le di un beso en la mejilla y le susurré.
__ Juliana Cariño, tengo que irme.
Me marché sin que habláramos de lo ocurrido la noche anterior, en ese momento me invadía la angustia por el tono que voz de Kevin.
Al llegar vi a Kevin triste.
__ Helena tengo algo que decirte.
__ Habla ya, que me estás poniendo nerviosa - le ordené.
__ Helena se trata de papá... Murió en un accidente, había mucha neblina y de paso le falló una turbina...
Sentí que las piernas me abandonaron y caí al piso. Me sentía tan mal, era una extraña mezcla entre rabia, dolor, impotencia e ira...
__ Debemos ser fuertes para hablar con mamá. Me encargaré de los trámites funerarios, tú ve a avisarle.
Fui a donde trabaja mamá y me dijeron que tenía un rato en el baño. Cuando entré, la encontré inconsciente, tirada en el piso. Llamaron al médico de la compañía y éste nos dijo que no había nada que hacer: un posible infarto fulminante. Tuve que informarle a Kevin de esto.
Al día siguiente los sepultamos a ambos juntos. Kevin tomó la decisión de quedarse en Rusia y aceptar una propuesta de trabajo en una pequeña ciudad llamada Ostrogozsk (Stary Oskol). Yo acepté irme con él sin chistar, sólo quería alejarme de Moscú. En ese momento no pensé en Juliana, simplemente me fui sin que lo supiera.
Han pasado tres años. Kevin y yo volvimos a Moscú para visitar las tumbas de mamá y papá. Es veintiún de febrero, Juliana había cumplido años el día anterior. No he dejado de pensar en ella desde ese día que nos besamos. Fui a verla y no la encontré. Le pregunté a Rebeca (una de sus vecinas) y me dijo que se había mudado y desconocía su paradero. Me fui muy triste, imaginando que talves nunca la volvería a ver.
Seis meses después, me matriculé en la Universidad Estatal de Omsk para estudiar Psicología. Caminando por los pasillos la vi. Era Juliana. No estaba sola, alguien la tomaba del brazo. Me acerqué para saludar. Su cara de asombro era tremenda. Su amiga se retiró y quedamos solas, parecía que apenas nos conociéramos.
__ Vamos a una mesa. Te invito un café - me dijo y fue por ellos.
Yo obedecí y me senté en una mesa alejada del resto de los estudiantes. Ella llegó con par de vasos, los puso en la mesa y se sentó a mi lado.
__ Disculpa por irme sin despedirme, sólo quería alejarme. ¿Cómo has estado?
__ Bien, mejor. Me mudé aquí hace tres años y medio.
__ Te visité por tu cumpleaños, pero tu vecina Rebeca me dijo que te habías mudado. Creí que no volvería a verte - Suspiré.
__ Quería otro aire, Helena. Cuando te fuiste ya no me quedaba nada, sentí la necesidad de cambiar de ambiente. Cuéntame, ¿Cómo has estado tú? ¿Te casaste? ¿Tienes hijos?
__ No me he casado ni tengo hijos. Ni siquiera novio - esto último lo dije bajito para que sólo ella escuchara - Mis padres murieron hace tres años. Por eso mi hermano y yo nos fuimos, todo fue tan rápido. En ese momento no pensé en ti, Juliana. Mi hermano y yo estábamos devastados.
__ Helena lo lamento mucho... no lo sabía.
Juliana puso su mano sobre la mía encima de la mesa. Me miró a los ojos fijamente. Se acercó poco a poco, para terminar besándome sorpresivamente. Aunque no lo esperaba, cuando sentí sus labios rozar los míos, cerré los ojos y me entregué al beso. Sentí mi corazón latir muy fuerte, me llené de emoción. Pero pronto volví en sí y huí cobardemente... Mientras me alejaba, Juliana se quedó ahí mirándome, quizás esperando una explicación a mi actitud.
Ella no tiene la culpa, el problema soy yo. Acabo de confirmar que la quiero, pero me rehúso a estar con ella porque no acepto mi maldita condición. No lo supo mamá y papá, no lo supieron mis amigos en San Petersburgo y mucho menos mi hermano Kevin. Quizás lo sospechará porque no me ha conocido algún pretendiente. No sé cómo lo vaya a tomar y tengo miedo. No me siento lista para salir al mundo, tengo demasiadas dudas.