El lunes comenzó brumoso y frío, el sol no estaba lo suficientemente elevado como para evaporar la baja nubosidad que llegaba del océano. Me puse una capa adicional para abrigarme y me bajé la vincha térmica sobre las orejas. Una vez que salí por la puerta principal, corrí por la calle Boronia y pasé por debajo de los imponentes cipreses que bordeaban ese lado del parque. Las puntas de mis dedos solo comenzaron a calentarse una vez que llegué a la escuela primaria; el sol hacía algunos avances en la nube. Mantuve un ritmo constante durante los siguientes cuatrocientos metros en tanto me acercaba a la alcantarilla que había más adelante. Mientras me acercaba a la entrada, después de no ver a nadie en toda la carrera, noté que Bob entraba por el otro extremo. Pasamos por el medio, su triste

