VEINTIUNO

1037 Words

El restaurante era increíble, impecable y, llamativo, las rosas rojas hacían juego con mivestido, la vista hacia afuera era agradable, el servicio por igual. Está demás decir que siempre que Antón me llevaba a comer, se luce, y mucho. La brisa era fresca, acompañada de un buen vino siempre sería perfecta. Jugaba con mis manos debajo de la mesa, estaba nerviosa. Me debatía en que sí tenía que decirle ahora o esperar. Tenía mis pros y contras. Si esperaba, siempre lo iba a posponer. Si le decía terminaría con esto de manera rápida. Era mejor decirle. —¿Te gustó la cena? — Preguntó. — Estaba perfecta — musite con medía sonrisa. — Gracias. Hizo un ademán con su mano. — No agradezcas, te lo mereces — guiño un ojo. — An. — ¿Sí? — He iniciado mi carrera en la universidad y, vo

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