Sus ojos se abrieron lentamente y no tardaron en recorrer cada rincón de la habitación en donde se encontraba, la luz del sol que se colaba por la puerta llenaba la habitación de colores claros que lentamente iban iluminándola por completo. Seguramente habría dormido solo un par de horas pero ya no se sentía cansada, aún así prefirió quedarse en la cama unos segundos más, tan solo contemplando las pared blanquecina mientras sus pensamientos despertaban de su letargo y comenzaban a revolotear sin control. Hacía mucho tiempo que no descansaba realmente, pues el insomnio y las pesadillas parecían haberse convertido en una parte de ella. Sin embargo esa noche fue muy diferente y sin duda eso la había ayudado mucho. Buscó con la mirada a Alexander pero este ya no estaba y supuso rápidamente

