CAPITULO 2
EL REY KINSGTON.
Su majestad había quedado destrozado después de haber tenido aquella intima conversación con el mayor de sus hijos, se dio cuenta que durante este año transcurrido el sentía que lo había perdido todo, el recuerdo de su esposa, el amor de su vida, sus ganas de seguir viviendo y las fuerzas para luchar por su propia voluntad. No se había detenido a pensar en sus hijos, en sus hermanas, en sus soldados y sobre todo en su pueblo, se sintió miserable por permitirse perderse el crecimiento de sus hijos ¿Cuándo fue la última vez que los había visto?, horas antes de la guerra ese era el último recuerdo de sus hijos quien hace un año atrás aun eran recién nacidos, se había perdido todo de ellos y ellos estaban solos en ese dolor de perder a su madre, le había fallado a Gala en el cuidado de sus hijos ¿eran felices? Se preguntaba con mucha tristeza ¿Quién podría ser feliz sin sus padres?, se cuestionó lanzando al piso su copa de vino, quien había sido su compañera para ahogar sus penas y apaciguar su dolor, se sentía un desgraciado porque el dolor de sus hijos no podría compararse con el suyo.
Tristán era inteligente y valiente, tuvo que luchar solo este año para darle amor a sus pequeños hermanos, mientras maduraba solo en ese frio y solitario castillo. Sintió vergüenza de haber ganado la corona cuando no había hecho nada durante un año por cumplir las promesas que el mismo hizo a un pueblo que lo deseaba como monarca y confió en su valentía para acabar con el reinado oscuro de su padre, su hermano estaba solo en la gran ciudad soportando la presión de ser el hermano de un rey ausente, tomando decisiones con miedo de equivocarse mientras su rey lloraba en una habitación vacía por haber perdido lo más valioso que había tenido en su vida.
Su ejército estaba siendo comandado por su gran comandante Lord John, un cuñado que seguía apoyándolo incluso en los peores momentos de su vida ¿Qué había sucedido con sus hermanas? Lo desconocía, se dio cuenta entre tantas preguntas que se hacía a si mismo que durante este año estuvo muerto en vida porque simplemente no sabía nada del exterior. El rey oscuro pidió una ducha de agua caliente, ordenándole a uno de sus mozos que cortara su larga y espesa barba, durmió esa noche como al parecer llevaba mucho tiempo sin descansar levantándose al día siguiente y saliendo de sus aposentos recibiendo la inclinación de todos los sirvientes sorprendidos por ver a su majestad vestido y rasurado.
Camino hasta la habitación de sus pequeños hijos, a quien se sorprendió de ver tan grandes y hermosos, Nany y Raquel las doncellas de su amada esposa eran quienes cuidaban de sus hijos, junto a Tristán, Edward y Liza, con la ayuda de sus Tías Ana, Any y Natalia la esposa de su cuñado River, las mujeres se inclinaron ante él, mientras Edward corrió abrazarlo emocionado por ver a su hermano fuera de sus aposentos.
—Que guapo estas —dijo su majestad, palmeando sus mejillas —.¿Has cuidado mi capa?
—Si majestad, y su caballo.
—Estoy en deuda contigo.
—Padre —acercándose Tristán —. Has venido a verlos.
—He venido a verlos a todos —acariciando sus cabellos —. Tienen un gran hermano mayor —acercándose a ellos, quienes gateaban por el piso de la habitación risueños.
Hades volteo su rostro para admirar a su padre, regalándole una hermosa sonrisa con esos dos hoyuelos que se dibujaban en sus mejillas, sus grandes ojos azules brillaban como un par de esmeraldas recién pulidas, mientras su cabello rubio como el resplandor del sol lucia muy bien peinado hacia el lado derecho de su rostro.
—Hey, majestad —susurro, agachando su cuerpo para cargarlo entre sus brazos. Recibiendo un cariñoso beso de su hijo —. Tienes la simpatía de tu padre pero sin duda eres idéntico a tu madre, era la mujer mas hermosa del reino y su sonrisa me enamoro tanto como la tuya. Feliz cumpleaños futuro rey —besando su frente ¿tu hermana donde esta? —buscando con la mirada a la pequeña.
—Suele esconderse bajo las cortinas majestad —dijo liza sonriente.
—Debes seguirme llamando tio —comento el rey guiñando el ojo.
Caminando hacia el gran ventanal y rodando lentamente la cortina para recibir una carcajada contagiosa de aquella hermosa criatura que lo enamoro por segunda vez, el rey recordó cuando la tuvo entre sus brazos por primera vez y sintio ese flechazo hacia un amor eterno, ese mismo sentimiento lo invadió al tenerla nuevamente frente a el, lucia un hermoso cabello con rizos que la hacían lucir como la niña mas hermosa que haya visto, sus ojos verdes eran como los de su madre quien solía enamorarlo con solo mirarlo.
—¿Eres la traviesa de la familia? —cargando su delicado cuerpecito —. Tu madre estaría enamorada de ti, porque al parecer tendrás una personalidad encantadora —la pequeña princesa reposo su hermoso y delicado rostro en los regazos de su padre, haciéndole cuestionarse por haberse ausentado por tanto tiempo —. Feliz cumpleaños mi cielo —llenándola de besos —. ¿Están listos para la fiesta?
—¿Tendremos una fiesta? —pregunto Tristán.
—Por supuesto príncipe, es el cumpleaños de sus hermanos.
—Gracias padre.
—Hermano —la princesa Any corriendo a su regazo—. Lo siento majestad no debí, inclinándose.
—Ven aquí —abrazándola con fuerza —. ¿Estas bien?
—Si —bajando su rostro.
—¿Qué sucede?
—No quiero echar a perder su regreso con mis tontos problemas majestad. Me siento feliz de verte de regreso, tus hijos te necesitaban.
—Creo que mi hermana también me necesita —el rey alzo el rostro entristecido de su hermana —. Soy tu hermano, soy tu rey, exijo saber porque mi hermosa princesa luce tan desdichada.
—Mi tía, ha aceptado una propuesta de matrimonio que según ella es necesaria para la familia —dijo la princesa, con un nudo en la garganta —. No pienso quejarme, me ha dejado claro que es mi deber con la corona.
—¿Un matrimonio con quien?
—Lord Morgot.
—¿El viudo gordo del oeste? —pregunto confundido —. Hasta donde se solo tiene hijas hembras.
—Si —agachando su rostro nuevamente —. Me acostumbrare majestad.
—Tu hermano y tu rey encontraran un esposo digno para una hermosa princesa como tu —apretando la nariz de su hermana.
—Pero ella ya acepto.
—Ella es solo la tía del rey. Tendrá que vivir con la vergüenza de tomar decisiones sin la autorización de su rey.
—Sigues siendo el mejor hermano del mundo —aferrándose a su hermano.
—Tu estas mas hermosa, tendré un gran trabajo al buscar un esposo digno —acariciando el hermoso y tierno rostro de su hermana —. Organiza la fiesta de tus sobrinos, el rey debe ir a la reunión de su consejo.
El rey oscuro se despidió de sus hijos y camino hasta la sala de juntas, donde sus guardias le dijeron que habían empezado hace media hora con la autorización de su tía Leiya. Su sonrisa tentadora e inescrupulosa se dibujo en su rostro, mandando a su guardia anunciar la entrada de su rey. La mesa del consejo se levanto inclinándose ante su rey, entre ellos su cuñado John quien se veía feliz de ver a su comandante y su monarca de vuelta.
—A partir de este momento regresas a tus labores en el castillo Tía ¿recuerdas cuales son?
—Servir a mi rey majestad.
—Cuidar del castillo y el pueblo, de ahora en adelante no es necesario que te acerques a las reuniones, hay muchas cosas que hacer para recibir el invierno.
—Si majestad.
—Casi lo olvido, envía un gavilán mensajero hasta el oeste a lord Morgot. De mi parte, con el siguiente mensaje. Mi lord me disculpo por las imprudencias de mi tía Leiya quien además de ser un integrante de mi familia no tiene la potestad de escoger un esposo para mi hermana, como se dará cuenta el rey de esta nación soy yo, el único con la potestad de encontrar un esposo digno para mis princesas. Me disculpo pero usted no esta en la lista de futuros esposos dignos para mi querida hermana la princesa Any. Quiero revisar el mensaje antes de ser enviado, encárgate John.
—Si majestad.
—Puedes retirarte tia.
—Con permiso majestad —apenas salía un hilo de voz por tal humillación.
La princesa Leiya había cruzado las líneas, el reino entero conocía la debilidad de su rey por su queridos hermanos y quien se atreva a lastimarlos pagara las consecuencias, en esta ocasión fue su tía.
—El rey esta devuelta —hablando con voz firme el rey —. Quiero que me pongan al día sobre los últimos acontecimientos.
—Me da gusto que haya vuelto mi rey —comento lord Valmort —. Su tía se tomo atribuciones en su ausencia que ponen el reino en tela de juicio y es necesario que usted arregle muchos malos entendidos.
—¿Cómo por ejemplo?
—La carta de desprecio que envió al reino de Sahora, es bien sabido que son un reino poderoso en el medio oriente, no había necesidad de intervenir de forma desprolija, puede desatar una guerra innecesaria.
—Arreglare ese asunto ¿Qué otro punto relevante debemos hablar? —pregunto a su consejo.
—El rey debe tener una esposa majestad —dijo lord Albert, el mas viejo en el consejo del reino —. No debe amarla, solo debe tenerla.
—Ok, ¿Quiénes son las candidatas mas apropiadas?
—Lady Sonia, es la hija del duque de Ariant, creo que es la mejor unión que podemos promulgar para usted.
—envié un gavilán mensajero en mi nombre e invítelos al castillo para pedir su mano.
—Como ordene majestad.
La reunión con su consejo termino, el rey miraba a través de la ventana disculpándose con su amada por tener que elegir una nueva esposa, pero ella lo entendería porque era su obligación como rey de esta nación presentar una reina a su pueblo, esas leyes que el tanto odiaba pero que no podía cambiar.
—¿Puedo hablar con usted majestad? —pregunto su tía.
—Deberías estar escribiendo un mensaje.
—Ya di nuestra palabra.
—Tu palabra no vale nada ¿acaso olvidaste la línea de sucesión de mi familia?
—No majestad, en su ausencia.
—Estaba a cargo mi hermano —acercándola con su puño cerrado —. Te tengo cariño tía, me has ayudado en este camino por la conquista de la corona, pero no eres nada más que la tía del rey. Tendrás que casarte tu con el viudo del oeste si quieres mantener tu honor.
Lord John entró con papel y tinta para el mensaje que su majestad el rey Kingston ordeno escribir a su tía.
—Me aseguraré de que escribas lo que ordene.
—Si majestad.
—Hermano —dijo la princesa Ana desde la puerta sonriente.
—¿No vas abrazar a tu rey?
Ella corrió desde la gran puerta de madera hasta los brazos de su hermano quien acariciaba su espalda.
—¿Cómo esta mi sobrina?
—Hermosa, se parece a ti. Gracias a los Dioses estas de vuelta —mirando de reojo a su tía.
—Dile a Marcel que quiero hablar con el.
—Marcel esta en Relish con tu suegro y cuñado, se fue hace meses ¿quieres que mande por el?
—Si, al parecer muchas cosas cambiaron en este castillo.
—Muchas personas cambiaron al creerse reyes —comento su hermana.
Ella tomó su brazo y caminaron por los pasillos del castillo.
—Ella lo entenderá, te amaba demasiado y sabrá desde donde se encuentre que es tu deber cumplir con las normas del consejo.
—Si, pero mi corazón jamás podrá amar a otra mujer.
—No tienes que amarla, solo convivir con ella.
—¿Dónde esta Aria?
—En su habitación, esta embarazada y se odia por eso, además de que odia a su futuro hijo. Esta loca.
—Ana —reclamo el rey —Es tu hermana. Hablaré con ella.
—Gracias por volver —abrazándolo.
El rey estaba de regreso y aunque tenía el corazón roto y el alma muerta estaba dispuesto a asumir su corona y hacer de esta nación un mejor lugar para su pueblo.