EL NACIMIENTO DE LA OSCURIDAD

1253 Words
CAPITULO 8 EL NACIMIENTO DE LA OSCURIDAD ✯¸.•´*¨`*•✿ ✿•*`¨*`•.¸✯ El norte se volvía peligroso, las aldeas estaban siendo atacadas nuevamente por los lobos blancos y los soldados que fueron enviados por la corona a inspeccionar el bosque blanco a profundidad jamas habían regresado, lo que hizo tomar una decisión a su rey, iría personalmente junto a sus soldados oscuros para atacar a los malvados seres del mas allá que pretendían horrorizar nuevamente sus tierras y asesinar sus aldeanos. Reunió junto a sus comandantes los mejores soldados para arribar al bosque blanco cuando el sol saliera, sus espadas eran afiladas por los herreros del castillo mientras las noches se volvían mas frías y oscuras. Gritos de dolor invadían al castillo, la princesa Aria daba a luz aquella noche, el padre de la criatura esperaba fuera un poco despreocupado lo que hizo enfurecer al rey, usando su poder para impedir el paso de aire a sus pulmones, todos a su alrededor miraban como el joven empezaba a perder las rojeces de sus mejillas tornándose un color amoratado por la desesperación y falta de oxigeno en la sangre, su mirada estaba puesta en su cuñado el rey el único en el castillo con el poder de asesinarlo sin mover un solo dedo. —Levantate —ordeno el rey a su cuñado, quien apenas podía mantenerse de rodillas. —El rey ordeno que te levantaras —dijo Lord Jhon. El joven como pudo se levanto ante su majestad, quien tomo su cuello con fuerza mientras le ordenaba mirarlo fijamente a los ojos. —Mi hermana Aria es una de las personas que mas amo y protejo en el mundo, ella sospecha que le eres infiel, mi hombre de confianza se encargara de averiguar si eso es real, de ser así su castigo hacia ti es que te corte el pequeño pene que tienes entre las piernas, te juro que lo haré frente a todo el castillo e invitare a tu familia para que observe como eres deshonrado frente a tu rey —lanzando su cuerpo al piso y dejándolo respirar. —Lo siento majestad —dijo con dificultad, tosiendo —. No soy infiel se lo juro. —Si quieres mantener tu pequeño p**o colgando, ruega a los Dioses porque sea cierto. Ahora levantate y preocupate por que ese niño nazca sano. El llanto del bebé retumbo el castillo, acompañado de truenos y centellas raras de escuchar en el frio norte. El rey lo supo había nacido el hijo de la diosa de la muerte del vientre de su hermana, un pequeño destinado a los caminos de la oscuridad. Su tía tomo su brazo y lo aparto de la multitud que felicitaba al joven padre. —Se lo que vas a decir y mi respuesta es NO. —Kingston,también tenia la esperanza de que el niño no fuera bendecido por la oscuridad. —Es mi sobrino, crecerá junto a todos los niños que conforman a esta familia y me importa muy poco lo que creas o pienses de este nacimiento ¿quedo claro? —Si majestad, como usted ordene, pero recuerde que aunque sea criado en la claridad su corazón siempre sera malvado como el de su madre. —No sigas tía, maldita sea. ¿Es todo?, debes encargarte de lo que te corresponde, de mi familia me encargo yo —abandonándola en medio del pasillo. Su majestad entro a la habitación donde la princesa se negaba amamantar a su hijo recién nacido, mirando a su hermano mientras el pequeño reposaba a un lado de la cama junto a su madre. —Déjenos solos. —Si majestad —saliendo de la habitación de la princesa. —¿Cómo estas? —No me ves, cansada y muy molesta, por haber tenido un hijo que no deseaba. —Aria, ese niño que acaba de nacer es tu hijo, es mi sobrino y juntos lo sacaremos adelante. —Hazte cargo de el, no puedo ser una madre estando en silla de ruedas. —Haz podido con muchas mas cosas estando en esa silla. —Deberías estar preocupado por tu esposa ¿acaso no es obvio que su regreso trajo a esos monstruos? —No, ella no trajo de regreso a nadie Aria, los lobos blancos serán acabados por mi. —Clava una espada en el corazón a tu esposa y ponle fin a las masacres de esos monstruos. —Basta Aria —grito el rey, cargando al pequeño para calmar su llanto —. Aliméntalo —entregando al pequeño a sus brazos. Besando la frente de su hermana y las mejillas de su sobrino. Mientras todo esto ocurría la reina no abandonaba su ventanal, es como si desde la tormenta que se presentaba en la oscuridad del norte le hablara de alguna manera, su búsqueda de respuesta en la nieve fue interrumpida por la pequeña princesa Gaia, quien llego hasta los aposentos de su madre gateando, sonriendo frente a su madre quien le regreso con ternura esa sonrisa genuina. —¿Cómo has llegado hasta aquí? —tomándola entre sus brazos. La pequeña tomo con su pequeña mano el relicario quien respondió inmediatamente con una luz azul que cambio el color de ojos de la princesa a un rojo profundo en cuestión de segundos. La princesa Ana entro a la habitación de su mejor amiga. —¿Sucede algo? —pregunto desde la puerta. —Tómala, mira sus ojos. —¿Qué tiene?, siguen siendo hermosos. —¿No los ves? Son rojos. —No Gala ¿Te encuentras bien? —Creo que necesito descansar —dándole la espalda a ambas. —Mamá necesita dormir cielo —dijo la princesa a la pequeña. La reina se sentó en su amplia cama con sabanas de seda, con lagrimas en sus ojos por sentirse una extraña en su propia vida, no entendía quien era ni de donde venia y mucho menos porque si había muerto regreso sin memoria. La puerta de su habitación se cerro. —No eres una extraña, sigues siendo hermosa —una voz le hablaba desde el rincón mas oscuro de la habitación. —¿Quién eres? —encendiendo la luz de su relicario. —Tu madre —presentándose ante ella la bruja roja. —¿Has vuelto? —Si, dispuesta a recuperar a mi hija y todo lo que me pertenece. Aun tengo cuentas pendientes en este mundo. Debes venir conmigo Gala —estirando su mano. La puerta de la habitación fue derribada por su esposo, quien pregunto inmediatamente a su esposa que estaba sucediendo. —Ella estaba allí —dijo Gala señalando, mientras se refugiaba en los brazos de su esposo —. Creo que quiere lastimarme. —Eso es imposible, tu madre te amaba. —Antes de que la regresara el relicario de la muerte —dijo la tía del rey. —¿Eso que significa? —pregunto el rey. —La leyenda dice que a los seres oscuros, solo puede acabarlos la portadora del relicario. Sin duda la bruja roja sabe que su hija podría exterminarla para siempre, llevando ese collar en su cuello. —¿Qué se supone que debamos hacer?, aun no recuerda nada y cuando usa la magia es guiada por el reflejo. —Por los momentos, la reina debería ir con su padre hasta Relish. Gritos desde la entrada del castillo alertaron al rey, sus soldados gritaban que estaban siendo atacados por lobos blancos.
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