La chica de las estaciones.

822 Words
Era invierno. El aire se volvía frío y cortante, como pequeñas dagas que rasguñaban la piel. Mis demonios disfrutaban de las temperaturas bajas, encontrando un placer indescriptible en el crujido de la nieve bajo mis pies y en el susurro del viento que soplaba entre los árboles desnudos. Aquellos que conocían nuestros secretos. Las noches eran largas y oscuras, y el silencio que caía con el anochecer parecía amplificar cada pensamiento inquietante que intentaba reprimir durante el día. Haci como los susurros de Asta o la desesperación de Vonick por poseer a una bella doncella. El otoño dijo adiós, sus hojas caídas cubiertas de escarcha marcaban el fin de su ciclo. Los últimos tonos cálidos del año desaparecían al igual que aquella joven que tenía cabellos de fuego y la piel de invierno. El primer manto de nieve no tardaría en llegar, ocultando todo bajo un velo blanco y puro. Y haci aquella chica de cabellos de fuego se volvería el invierno encarnado. Sus ojos de un celestes profundo guardarían consigo las hojas que alguna vez fueron doradas y anaranjadas en aquel último suspiro. Sus labios de verano ya yacían marchitos y cubiertas por una capa de escarcha en el suelo. La naturaleza cubría aquel cuerpo que parecía encarnar todas las estaciones. El susurro del viento acariciaba su cuerpo desnudo, las ramas de los árboles crujían o lloraban por la pérdida de aquella flor. Una flor que alguna vez tuvo vida adornaba las raíces de aquel roble viejo e igual de marchito, aunque aún conservaba la sombra de lo que alguna vez fue, un recordatorio de que incluso en la decadencia, hay una belleza trágica que no puede ser ignorada. Elowen, mi chica de las estaciones traía consigo la esencia de cada época del año. Conocerla fue como descubrir un nuevo mundo. De todas, ella era la más perfecta, llena de colores, emociones y sabores con experiencias que nunca había imaginado. Su nombre, tan hermoso y único como ella, se convirtió en mi frase favorita Mi chica de las estaciones, la conocí a principios de primavera, cuando las hojas se teñían de un verde vibrante y el aire se llenaba de la fragancia de flores recién brotadas. Cada encuentro con ella era como descubrir un nuevo matiz en la paleta del tiempo, una mezcla de colores y emociones que cambiaban con cada estación. En primavera, Elowen florecía con la estación. Su energía y su alegría eran contagiosas, y juntos comenzamos a explorar los campos llenos de flores silvestres, respirando el aire fresco y nuevo. Sus ojos brillaban con una luz especial, y su cabello resplandecía bajo el sol creciente. Cada momento con ella era un renacer. Sin darse cuenta, mi chica de las estaciones apaciguaba mis demonios internos, como si su presencia calmara la furia de ellos. En verano, Elowen era un torbellino de actividad y vida. Nos perdíamos en los bosques, nadábamos en ríos cristalinos y disfrutábamos de largas noches bajo las estrellas. Su cabello parecía captar cada rayo del sol, y sus ojos reflejaban la intensidad del cielo estival. Cada día junto a ella era un paso lejos de mis demonios, sin darse cuenta su melodía silenciaba los susurros oscuros de cada uno de ellos. En otoño, su cabello rojo contrastaba con el paisaje dorado, y sus ojos azules reflejaban el cielo despejado de octubre. Nos paseábamos por los senderos cubiertos de hojas caídas, hablando de nuestros sueños, el de ella estar a mi lado siempre, y el mio era mantenerla con vida. Sentía que el mundo se detenía cuando estaba con ella, como si solo existiéramos los dos en ese cuadro perfecto. Sin darse cuenta, mi chica de las estaciones había enfurecido a mis demonios, sofocando sus gritos nuestro otoño dijo adiós. En invierno, Elowen era una visión etérea. Su cabello rojo, como el fuego contra el blanco de la nieve, y sus ojos azules, tan profundos como el hielo, parecían contener el espíritu de la estación. Nos encontramos junto a un lago congelado, el aire frío llenaba nuestros pulmones y nuestras risas se transformaban en nubes de vapor. Ella me mostró cómo encontrar belleza en la quietud y en los paisajes helados, y yo solo le demostré la crueldad de los humanos. Nuestra última época juntos llegó a su fin. El ciclo de las estaciones cerró un capítulo en la vida de mi chica de las estaciones. No daré los detalles, porque entre todas ella era la más perfecta. Única e incomparable. Su presencia, su esencia, lo transformaba todo, haciéndome comprender que, en el vasto mundo, ella era mi estación preferida, el refugio perfecto donde los gritos de mis demonios ya no me afectaban. Su nombre significaba roble, un nombre que invocaba fuerza, la misma con la que se defendió, y su conexión con la naturaleza, la misma con la que su espíritu encarno. Porque ella es mi chica de las estaciones. Aquella que a mis demonios callo.
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