Capítulo 4

2234 Words
Capítulo 4 En la mañana, me levanto muy temprano y salgo de mi habitación sin hacer ruido para ir por el desayuno. Less está dormida en mi cama como si no hubiera un mañana y no quise despertarla. Cuando estoy cerrando la puerta de la entrada, escucho una voz familiar detrás de mí. —¿Eres la gemela correcta o me volví a equivocar? Adrien. ¡Está aquí! Pensé que lo vería en el teatro, pero no se apareció en ningún momento. Tal vez se cohibió porque estaba con mi familia. Mi corazón se agita con latidos enérgicos que no son para nada de miedo sino de pura emoción. Me volteo y lo enfrento, sintiendo un cosquilleo en el estómago al chocar con sus ojos celestes cielo. Se ve guapísimo usando un traje hecho a la medida en tono gris humo, nunca pensé que me llegara a gustar un hombre como él, aunque no tengo idea de cuál es mi tipo de hombre, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que alguien me gustó de la manera que él lo hace. —Sí, eres tú —murmura con voz vibrante liberando un suspiro. Pero si ni siquiera he hablado—. ¡Felicidades, bonita! Bailaste como un ángel anoche. Nos separan un par de metros, y es mejor así, porque tenerlo cerca me pone nerviosa. —¿Qué hace aquí? —pregunto distante. Puede que me atraiga, pero no voy a demostrárselo. —Porque me gustas, porque eres una mujer preciosa, talentosa, dulce…, porque llamaste mi atención desde el primer momento que te vi. Me embrujaste, Lexie Hudson. No he podido sacarte de mi mente desde que te conocí —responde con una seguridad que no deja lugar a dudas. Su mirada y lenguaje corporal es consecuente con sus palabras. Y aunque sigue siendo un desconocido, algo dentro de mí me dice que puedo confiar en él y eso me asustada muchísimo. ¿Y si me equivoco? —¿Y decidió que la mejor manera de conquistarme era siguiéndome como un acosador? —le recrimino sin poder ignorar ese hecho tan importante. —No, admito que no debí acercarme a ti de esa manera, pero mis intenciones son honestas, Lexie. Si me das una oportunidad, te mostraré quién soy y cuánto me importas —contesta en tono solemne, mirándome fijo a los ojos de esa manera penetrante que estremece mi corazón. Pero, por más que me guste y quiera darle esa oportunidad que me he pedido, no puedo corresponderle como él espera. —No soy la indicada para usted, señor Butler. Lo mejor que puede hacer es olvidarse de mí y seguir adelante con su vida —respondo con un nudo en el estómago y una profunda pena en el alma. Aquel hombre quebró algo dentro de mí que nada ni nadie puede reparar. Soy un pájaro herido, un cristal roto, una mujer incompleta… —¿Quién te cortó las alas, bonita? —pregunta susurrante, acercándose a mí con intensión de tocarme el rostro. Pero, apenas me doy cuenta, retrocedo de manera automática y huyo hacia las escaleras sin darle ninguna respuesta. No sería capaz de contarle lo que me pasó, me moriría de la pena—. ¡Lexie! —grita él cuando me ve tropezar y caer en las escaleras. Por las prisas, apoyé mal el pie y perdí la estabilidad. —No me toque —exclamo cuando se inclina en el suelo delante de mí. No estoy segura de cómo reaccionaré si me pone las manos encima. —Solo quiero ayudarte —pronuncia frunciendo el ceño, parece confundido, y hasta podría decir que dolido por mi rechazo. —No necesito que lo haga, puedo sola —aseguro cortante. Le hago un favor alejándolo, no soy la mujer que él piensa, no puedo darle lo que todo hombre espera de una mujer. Apoyo el pie izquierdo en el suelo y me sujeto del pasamano para ponerme en pie, torpe como un becerro recién nacido, pero logro levantarme sola. —Tu orgullo no tiene límites —expresa con gesto adusto. —Lo mismo digo de su insistencia, señor Butler. Busque a otra mujer a la que acosar y déjeme a mí tranquila. ¿De qué otra forma debo decírselo? —Lo encaro disgustada, aunque mi enojo no es con él sino conmigo por no tener control de mis emociones, por sentir tanto miedo de que toque. —¿Sabes qué pasará si apoyas tu pie en el suelo? Te puedes lesionar y no podrás bailar en tu presentación de esta noche. ¡Dios! Es cierto. No puedo arriesgarme a ir saltando en un pie y terminar lastimándome. —Esto es su culpa, sino insistiera en buscarme, estaría bien. —Lo miro con desprecio como parte de la mejor interpretación que he hecho alguna vez en mi vida. —Lo menos que quiero es lastimarte, Lexie. Permíteme ayudarte y luego me iré, si es lo que en verdad quieres —propone con la mirada apagada, sin ocultar su decepción. Pero por mucho que deseo decirle que me gusta y regresarle la ilusión, lo mejor es que lo termine de alejar para siempre. —Váyase de una vez. ¿No entiende que no lo quiero cerca de mí? Estoy segura de que no le será difícil encontrar a una mujer que se deslumbre por usted y todo lo que puede ofrecerle —siseo mirándolo de arriba abajo como si tuviera delante a un montón de basura. Estoy siendo demasiado dura con él, pero me lo agradecería si supiera lo que le esperaría conmigo. —Sí, es verdad. Puedo encontrar a mil mujeres que me quieran por lo que tengo, pero el dinero no compra el amor ni la felicidad —asegura como quien lo ha vivido en carne propia—. A mí también me han herido, Lexie, pero elegí no ser una víctima. Y tú también puedes hacer esa elección. —Se pone en pie y se marcha, dejándome sola como le pedí. Y aunque era lo que buscaba, no sabía que me dolería tanto que renunciara a mí. Llamo a Less por teléfono y le pido que venga a ayudarme. Ella no demora en llegar y me pregunta que pasó. Cuando se lo cuento, me echa en cara lo que ya sé: que soy una tonta, una cobarde y que debería llamar a Adrien y disculparme con él. Pero no, no voy a buscarlo, lo mejor para él es que se olvide de mí. Por suerte, lo del pie solo fue una torcedura sin consecuencias. Damien me habría matado si no hubiera podido bailar en las siguientes presentaciones. Y ya que Less estaba despierta, decidimos salir juntas a dar un paseo. Tomamos un bus que nos lleva al Covent Garden Piazza, un mercado popular de la localidad y muy pintoresco que le ha encantado a Less. —Tienes que probar esto —chillo jalándola al puesto de Jacket Potatoes, donde venden las mejores patatas horneadas, rellenas con lo que pidas. Creo que pasaré un mes de cabeza en el gimnasio si sigo comiendo así. —Está delicioso. Creo que cambiaré el calor de Miami solo para comer aquí a diario —pronuncia mi hermana degustando una porción de sus papas. —¿Cómo va todo con Adam? —pregunto antes de darle un sorbo a mi café. —¡Aww! Estoy enamorada y creo que es mutuo. Me ha escrito cada día al despertar y cada noche antes de dormir. Es tan tierno —murmura con un suspiro. —¿Dónde está mi hermana y quién eres tú? —inquiero burlona. —Lo sé. Ni yo misma lo entiendo. Sabes que soy más del estilo lo tomo y lo dejo cuando me plazca, pero siento que con él llegaría al altar. Escupo el café en la mesa y Less se muere de risa. —No hablas en serio, ¿verdad? Apenas lo conoces, Less, es muy pronto para que te cases. —No es que vaya a pasar pronto, solo digo que de verdad creo que es el indicado —cuenta con un brillo especial en su mirada y una sonrisa que no puede ocultar. —Bueno, más vale que no hagas una locura de las tuyas y termines casándote en Las Vegas. —Le advierto alzando una ceja—. Y si piensas hacerlo, me invitas o no te lo perdonaré nunca. —Valeeee —alarga poniendo los ojos en blanco. Después de comer, estuvimos haciendo algunas compras, que incluyeron muchos regalitos para mi chiquito consentido y algunos para mamá y papá. Y como Less quiere conocer mejor la ciudad, decidimos volver caminando. Londres es una ciudad encantadora, con mucho por ver y descubrir. Estamos caminando por Floral Street cuando veo venir a Adrien vistiendo una camisa blanca, jeans deslavados y botas de montaña. Luce muy apuesto. Mis pulsaciones se disparan y me quedo sin aliento, como si me hubieran golpeado en el estómago, cuando se detiene frente a mí y me sonríe. Tiene la sonrisa más bonita que he visto alguna vez. —Bueno, bombón, ya cumplí con mi parte. Más te vale que nunca la hagas llorar porque tengo cinturón blanco en karate y no dudaré en usarlo. —Le advierte Less y flipo en colores. ¿Dónde lo conoció y qué significa que cumplió con su parte? —¿Less? —La miro interrogativa. —Lo siento, pero no podía no hacer nada —responde encogiéndose de hombros. —No sé qué te ha dicho mi hermana, pero no tengo nada que ver con esto —me dirijo a Adrien, sintiendo un espasmo en el pecho cuando encuentro su mirada. —Él lo sabe, Lexie. Todo ha sido idea mía —interviene mi hermana antes de que él pueda decir algo—. Nos vemos en la noche, pásenla bien —dice antes de alejarse, dejándome a solas con Adrien. He sido emboscada. Pensé que después de lo de esta mañana, no volvería a verlo otra vez. ¡La mataré! —Me alegra ver que tu pie está bien —comenta con esa estúpida sonrisa deslumbrante y mi corazón vuelve a danzar en mi pecho, libre, dando saltos descontrolados que no puedo controlar. Inspiro hondo y enmascaro mis emociones detrás de una fachada de indiferencia. —No sé qué hace aquí, recuerdo muy bien sus últimas palabras y nada ha cambiado para mí en las últimas horas. Si Less le dio alguna esperanza, lo siento, pero entre usted y yo no puede existir nada. —Doy media vuelta lista para huir, pero Adrien no está dispuesto a dejarme ir esta vez y me sujeta la muñeca con un toque gentil que me estremece de los pies a la cabeza, haciendo que mi corazón dance un allégro[1]. Esperaba que me invadiera el miedo y terminara en medio de un ataque de pánico si él me llegaba a tocar, pero no ha sido así y no sé qué pensar. ¿Significa que ya lo he superado?, ¿qué hay una posibilidad de que pueda estar con Adrien sin que termine hecha un desastre de nervios y lágrimas? —No insistiría si se tratara de otra mujer, pero contigo no quiero renunciar —pronuncia con moderación, liberándome de su sujeción con una caricia que deja un rastro de calor en mi piel. —No entiendo su interés en mí, no me conoce y lo he tratado con frialdad cada vez que nos vemos —cuestiono enfrentándolo y me encuentro con esa mirada capaz de agrietar las duras murallas que construí para protegerme. —Porque eres especial, Lexie, como ninguna mujer que haya conocido, y sería un idiota si no lucho por ganarme tu afecto —responde dando un paso al frente sin dejar de mirarme—. ¿Qué dices, bonita? ¿aceptas tener una cita conmigo? Sí, sí quiero. Pero es muy probable que quiera correr cuando intentes besarme; que un acercamiento brusco o un toque inapropiado podría terminar en un desastre… No, no puedo salir con él. No estoy lista. —No, lo siento —respondo apartando la mirada para ocultar el dolor que me causa no poder llevar una vida normal. —Será una salida al aire libre, no estaremos solos. Lo único que quiero es que nos conozcamos, que hablemos de ti, de mí, de lo que quieras… —insiste sin renunciar a su empeño de salir conmigo. Debo darle crédito por su persistencia, otro en su lugar se habría ido tras la próxima mujer que se le cruzara en su camino. —Está bien, tengamos esa cita —acepto a pesar de todas mis dudas. No pierdo nada con intentarlo, como dijo Less. Además, estoy segura de que se alejará cuando vea que no conseguirá nada de mí. No todos los hombres son iguales, pero todos tienen un interés particular cuando se trata de una mujer: llevársela a la cama. Y sería una tonta si pensara que Adrien no quiere lo mismo. —Eso era todo lo que necesitaba escuchar —pronuncia Adrien con una enorme sonrisa que causa que mi corazón palpite como un loco. No recuerdo cuándo fue la última vez que me sentí así por alguien. Debo tener cuidado, porque podría terminar enamorándome de Adrien Butler [1] Enérgico, animado. Un término que se aplica a todos los movimientos brillantes y enérgicos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD