Capítulo 20 Principios del otoño de 1148, Balermus El día en que el Amiratus con su perdón había comprado a Giordano para siempre, éste regresó al palacio, tambaleándose, todavía maltratado y confundido acerca de lo que había renunciado definitivamente a cambio de ese acto de clemencia. Tan pronto como los sirvientes lo vieron en la puerta, se desató el alboroto y no pocos lloraron, aliviados de que el patrón hubiese regresado a casa. Matilde, que había gastado mucho en su liberación, lo había mirado subir la escalera de entrada, rígida en su posición y ocultando cada emoción como solía hacerlo. Giordano, quien con los últimos acontecimientos había visto la verdadera alma de su esposa, esta vez había mirado más allá del aparente desinterés y la abrazó en el vientre, cayendo de rodillas e

