Corría y corría. Por alguna razón me sentía en peligro, miraba a mis espaldas y nada me seguía. Y caí, caí en un vacío atroz que me hizo gritar hasta romper mi garganta. Asustada desperté, una mano sujetaba mi cuello y tardé en ser consciente de que era mía. Intenté controlar mi respiración y en cierto modo funcionó. Miré el reloj, cinco y veinticuatro. Frustrada puse la almohada en mi cara y grité amortiguadamente contra ella. Me puse de pie de una buena vez comenzando el día con lentitud porque gracias a no sé qué ahora tenía unas cuantas horas extras. Me decidí por limpiar, mamá despertó a las seis y media, no por gusto sino molesta por mis ruidos al asear. No dijo nada pero lucía sorprendida, ella fue a la cocina y fui yo la shockeada cuando llegó a mi con una taza de café. Se la a

