—Orion… —empecé, bajando un poco la voz—. No sé nada de ti. No sé cómo es tu vida ahora. Él me miró, con esa media sonrisa que siempre sabía equilibrar paciencia y complicidad. —No estamos aquí para hablar de mí —dijo, ladeando apenas la cabeza. —Pero… ya hablamos todo lo que quisimos de mí —insistí, apoyando los codos en la mesa—. Ahora es tu turno. Suspiró y por un instante pareció considerar si ceder o no. Finalmente, se recostó un poco y comenzó: —Vivo en Boston, como sabes. Mi apartamento está cerca del río; no es enorme, pero es cómodo y tranquilo. Es mi espacio para desconectar de todo lo demás. Asentí, escuchando atentamente. —Mi familia es alemana, de Hamburgo —continuó—. Tenemos la empresa Schmidt & Sohn. Principalmente nos dedicamos a bienes raíces y algunas inversiones i

