Caspian II Dormí poco esa noche. La imagen de Aveline, con la luz de la luna bañando su piel, sus labios confesándome amor, su sonrisa tímida cuando se apoyó en mi pecho… todo eso seguía ardiendo dentro de mí como un fuego que no podía apagar. Un fuego dulce. Un fuego peligroso. Y aun así, la mañana llegó implacable. Me vestí con rapidez, enfundándome en la túnica negra con los bordes dorados que solía usar en audiencias importantes. Hoy sería un día largo. Un día político. Y detestaba que esos días siempre parecieran oponerse a mi felicidad. Mis guardias me abrieron las puertas del salón de reuniones. El ambiente estaba tenso incluso antes de entrar. Desde afuera podía escucharse el murmullo inquieto de los lores, condes, senadores y algunos de nuestros aliados territoriales más fuertes

