Aveline Han pasado días desde aquel encuentro en el bosque, y todavía siento como si todo hubiera ocurrido ayer. Su voz que apenas se escuchaba, esos ojos azules que me atraparon desde el primer momento, toda su sangre en mis manos, el miedo y la urgencia de salvarlo… y después, nada, solo el vacío, como si hubiera sido solo un sueño. El ya no estaba más allí, desapareció como si la tierra se lo hubiera tragado. Y lo peor no fue eso... lo peor vino unos días después, cuando Doris entró a mi casa con la respiración entrecortada, como si hubiera corrido kilómetros y sus palabras me helaron la sangre. —¡Aveline! —jadeaba—. ¡Están buscándote! Son hombres del palacio… parecen guardias reales, preguntan por ti. Sentí cómo se me escapaba el aire de los pulmones. Mis rodillas flaquearon y tuve

