Ximena se incorporó de golpe en la cama, con el pecho agitado y los ojos anegados en lágrimas. El sudor frío le empapaba la frente y sus manos temblaban al apoyarse sobre las sábanas revueltas. Una sensación de vacío le comprimía el pecho. —¡Junior! —gimió, llevándose una mano al rostro—. ¡¿Dónde está Junior?! ¡¿Y Julia?! ¡¿Dónde está ella?! —Shhh... Xime —susurró Roberto, despertando de inmediato. Se giró hacia ella, tomándola en sus brazos con rapidez—. Tranquila, mi amor. Estás aquí, conmigo. Fue solo una pesadilla. Ella sollozaba en silencio, el cuerpo rígido por el miedo aún latente. Sus manos se aferraban a los brazos de él como si necesitara comprobar que eran reales. Roberto la abrazó con más fuerza, acunándola contra su pecho, acariciando con ternura su espalda. —¿Fue otra vez
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