La risa de Helena me hizo sonreír mientras ella se revolvía en el asiento como un mono. Mis manos se movieron a sus costillas logrando sacar más risas. Era de las pequeñas más risueñas que había conocido en mi vida. - No, detente, detente. -rió retorciéndose con su tono italiano. Estaba segura de que si no fuera porque el Italiano se parecía mucho al español y de que si mis padres… Los Mitchum, no hubieran tenido interés en que no perdiera el idioma, no podría comunicarme muy bien con mi hermana. - Niñas, estamos a punto de despegar. -nos advirtió Natalia primero en mi idioma y después en Italiano para Helena. La pequeña estaba en mi regazo, pero al escuchar a su madre y mi asentimiento no le quedó más de otra que hacer pucheros y volver a su asiento a mi lado. Yo la ayudé a ubicars
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