Interminables y angustiosas horas, Hadassa se estaba volviendo loca por tanta espera, ella no se sentía capaz de permanecer sentada mientras su esposo y amigo estaban siendo atendidos. Nadie tenía nada para decirles y de no ser un hospital exclusivo ya la prensa la hubiera devorado por como actúa. ―¡¿Alguien puede decirme algo, por favor?! ―Perdió el control nuevamente. ―Llevan horas ahí dentro y nadie me da noticia de mi esposo y amigo, ¡¿Qué debo hacer para que hagan algo?! ―Majestad. ―Una de las enfermeras hizo una reverencia, todos están presionados por su presencia, tener al mismísimo rey en una mesa de quirófano es demasiado para cualquiera, nadie quiere ser el doctor que lo mate o lo deje mal. ―Ya he llamado al quirófano, pronto subirá alguien. ―Gracias. ―Hada se llevó la mano

