He pasado los últimos cuatro meses con Isabella, cuidándola como si fuera parte de mí. Me sé sus silencios, sus miedos disfrazados de fuerza y esa manía que tiene de minimizar el dolor como si así desapareciera. He dormido poco, he comido peor, y he hecho videollamadas forzadas con mamá y papá para que no sospechen que algo no está bien. Les sonrío fingiendo que estoy cumpliendo mis prácticas en una clínica, que estoy aprendiendo mucho. Mentira tras mentira. Todo por protegerla. A César… no le he respondido los mensajes. No sé por qué. O sí. Pero no quiero pensarlo demasiado. Y entonces está él. Theo. Ese maldito hermano de Thiago que prácticamente vive aquí, aunque jure que solo “vigila”. Se pasea como si esto fuera su casa, como si yo no existiera… o como si existiera demasiado. De

