Capítulo 7. Cicatrices en el alma. —Emila, ¿estás bien? —dice mi madre corriendo nada más verme. —Bueno, apesto un poco, la verdad. —No entiendo cómo tienes ganas de bromear después de todo… —Mamá, estoy cansada de luchar, de sobrevivir. Debí haber sido alguien muy malo en otra vida... Pero no es momento para dramas, necesito lavarme, y tú tienes que madrugar. —Vamos, voy contigo, no me importa el sueño, solo quiero estar a tu lado. Mi madre me acompaña hasta la ducha común. Me ayuda a desvestirme y no puede evitar dar un grito al ver las marcas en mi cuerpo. —¡Son mordiscos y quemaduras! —dice y comienza a llorar—. ¡Mi niña, qué te han hecho! ¡Cuánto has tenido que sufrir durante todos estos años! —Ya no me duelen, mamá, estoy bien, no te preocupes —respondo sonriendo—. Pero claro

