Capítulo 10. No soy parte de su harén. Todavía tengo grabada en mis pupilas lo que esas desgraciadas hicieron en la plaza. Y aunque intento no pensarlo, cada vez que cierro los ojos vuelvo a ver la sangre correr por el suelo, la cabeza rodando y las sonrisas satisfechas de esas arpías que se creen las reinas del mundo por compartir cama con el Alfa. Me repito una y otra vez que debo mantenerme invisible, que no debo llamar la atención… pero el destino siempre parece empujarme al borde del abismo. La casa está en silencio cuando salgo de mi cuarto. Las luces del pasillo iluminan apenas con un tono cálido, y el zumbido lejano del refrigerador en la cocina es el único sonido constante. Voy a buscar un vaso de agua, cuando escucho un ruido seco: una puerta que se golpea, risas ahogadas, y

