46. La loba ha despertado. Dulce. Al llegar, la cabaña, las luces se encienden automáticamente al estacionarse el coche. —Buenas noches señorita —me dice—. Si necesita algo sólo llame a mi número. —¿Me lo pasas? —Lo tiene adentro, en la mesada de la cocina. No importa la hora o que caiga una tormenta, si me necesita, solo llámeme. ¿Soy yo o me mira con ganas? Voy a ignorarlo. —Está bien, muchas gracias —le digo, pero sigue aquí. —Me marcharé cuando la vea entrar. —Okay —murmuro, y entro. Escucho el todo terreno alejarse de aquí y ahora me he quedado sola, en esta sofisticada cabaña, en media de la isla privada de... Owen Crane... Mi corazón palpita de solo pensar en él. Tal vez no debí marcharme de la fiesta... Pero James me ha dejado sola a pesar de que me había prometido que

