Steph abrió los ojos de golpe. Se encontraba de vuelta en su habitación. Todo parecía normal salvo por el hecho de que Lorena no dormía junto a ella. Nuevamente no sabía a donde se había ido. Intentó incorporarse en la cama y sintió que todo le dolió, pero esta vez no era como antes. El dolor no era malo, no la hacía sufrir, por el contrario, era un dolor que le gustaba porque iba acompañado de una sensación de tranquilidad, alegría y placer absoluto. Ella sabía muy bien a que se debía, era gracias a la maravillosa experiencia que había vivido con esos dos hombres. No importaba que hubiese sido tan solo un sueño o una fantasía, ella lo había sentido muy real y eso la hacía feliz. – ¡Hola! –le dijo con alegría Lorena al entrar en la habitación y verla despierta– ¿cómo te sientes? –le

