CONOCIENDO A UN ÁNGEL

1833 Words
—Ethan Scott — Estoy en el piso que tiene David en Madrid, amablemente mi amigo me lo cedió para quedarme unos días, mientras decido qué mierda hacer con mi vida. —Oye Scott, ¿hasta cuándo te seguirás escondiendo? —Preguntó mi amigo mientras me entregaba una cerveza. —Yo no me escondo Galeano, ya te lo dije, estoy disfrutando de los placeres de la vida. —respondí tranquilo y si él no me cree ese es su problema. —Repítelo las veces que quieras para convencerte hermano, pero ni tú te lo crees, todo esto lo haces por llevarle la contra a tu padre y sabes... te entiendo. —Lo dijo cabizbajo, algo me había contado de sus problemas con su papá y cómo se ha distanciado de él desde hace un tiempo. Pero su relación con su papá es muy distinta a la mía con don Adam Scott, pues mi padre era cero afecto, si no tienes algún valor monetario o eres interesante para él no existes y podía asegurar de que ni siquiera se ha dado cuenta de que no estoy en el país. —Mira Galeano, sea lo que sea. Yo vivo la vida que quiero, como quiero y te agradezco tu preocupación, pero déjalo ahí sé mi amigo por lo que soy, no le busques la quinta pata al gato, porque ya este pechito no va a cambiar. —Vale, vale no voy a discutir contigo, sólo espero que no te arrepientas... —Lo mismo digo hermano, lo mismo digo... Nos quedamos mirando el atardecer bebiendo tranquilamente nuestra cerveza y en mi mente daban vuelta muchas cosas, en cierta forma Galeano tenía razón. Cada vez que me siento acorralado o que voy a decepcionar a mi padre, huyo o me escondo y justo ahora que estoy a punto de terminar la carrera pienso que eso me va a pasar, que voy a fallar y me convertiría en la deshonra de mi padre. Después de mucho pensarlo y discutirlo con mi almohada, he decidido volver a casa, ya no hay nada que me detenga o me obligue a escapar. Tener esta conversación con David me sirvió mucho y me ha hecho reflexionar, sé que debo dejar de escapar de mi destino, me dí cuenta que me encanta la medicina y la cardiología es lo mío. Además, no me falta nada por terminar, así que vamos, es el momento justo para volver. Tomé mi teléfono y llamé a mi tutor el profesor George para avisarle que estaré de vuelta lo más pronto posible, luego abrí mi laptop y busqué el mejor vuelo . —Perfecto 35b —anoté mis datos e hice de inmediato el check in, recibí el correo de confirmación y llamé a mi padre para confirmarle que volaría de vuelta a casa. —Hola, padre. Te aviso que voy en el vuelo de las 23 procedente de Madrid. —Perfecto, le pediré a Jack que te vaya a buscar. —No hay necesidad padre, llegaré directamente al hospital para reunirme con el doctor George, luego iré a casa. —Ok, te espero, tenemos mucho que conversar y dale mis saludos a George. —Ok. Terminó mi comunicativa conversación con mi padre, me di una ducha para luego descansar, mañana será un gran día... A la mañana siguiente... —Narrador Omniciente — En el aeropuerto de Barajas, dos jóvenes con sus maletas, un bolso de mano y muchos sueños se aprestan para su viaje, uno volviendo a su ciudad natal a terminar su pasantía y la otra a conocer la gran manzana y realizar su mayor sueño, reencontrarse con su familia. Una vez dentro del avión ambos jóvenes se instalan en sus asientos o… en los que creen que son de ellos. —Disculpa —la chica ve a un muchacho guapísimo sentado en el asiento que le corresponde. —Mmm —levantó el chico su mirada del libro que estaba leyendo y guau, una preciosura remueve sus pensamientos y otras cosas más, para sus adentros pensaba. «Que rica está, me la comería completita.» —Oye, despierta... estás en mi asiento —la chica mueve su mano frente a su cara para que la deje de mirar como un trozo de carne. —Creo que no, el mío es el 35b —En efecto, pero estás sentado en el 35c, que es el mío —le replicó molesta. —Oh —mierda dijo para sus adentros—. Perdón, perdón no me fije —exclamó con la mejor cara que tiene, se mueve al asiento que le corresponde. —Hola, soy Ethan. —El chico le extendió la mano para saludar, y ella sólo lo miró con cara de nada. —Ajá ¿y? —Como regla de cortesía, deberías contestar con tu nombre ¿no? —¿Eh? Ah sí, perdón Valentina —nuevamente lo deja con la mano estirada mientras ordena su bolso de mano en la maletera. «Bella hasta su nombre piensa aunque un poco arisca» pensó el chico. —¿Vas a Nueva York? —Ajá. —¿Negocios o placer? —«Tanta preguntadera, parece abogado.» pensó la chica. —Estudios mejor dicho. —Yo también. —Ah, ok. —Eres muy comunicativa. —Con quien me interesa. —Auch, eso dolió —hizo un amague de tocarse el pecho como si le hubiera dolido. Mientras la chica se preparaba para su viaje e ignorando al bombón que estaba a su lado el chico no se quedó tranquilo y se cuestionó internamente. «¿Cómo es posible que no caiga en mis encantos? ¿Qué le pasa?» —Veo que no te intereso. —¡Bingo! —la chica le dio su mejor sonrisa, se colocó los audífonos y lo dejó con la palabra en la boca, mientras seguía pensando en cuándo la dejaría de molestar. —Eres todo un caso, Valentina. —Reconociendo que la chica es muy extraña, pero eso a él le encantaba y le llamaba poderosamente la atención. «No dejaré pasar la oportunidad de pedirle su número, ésta no se me resistirá. Si fuí capaz de venir a Europa y toparme con la loca de la ex novia de papá y la pude engatusar para saber todo cayendo redondita en mis encantos, ¿cómo esta preciosura no va a caer?» —Algo más —Parecía más una afirmación que una pregunta, pero la chica se sintió incómoda con el muchacho a su lado. —Bueno, el viaje es largo podríamos conversar, puede ser que te termine interesando. —Lo veo difícil. —«Se cree un don Juan ¿dónde habrá aprendido?» pensó molesta—. Ahora podrías dejarme concentrar, debo preparar algunas cosas antes de llegar —Saco sus libros y apuntes para comenzar a trabajar en los documentos que debe entregar a su llegada. —¿Cardiología eh? Qué coincidencia, estoy en mi último año de internado. —No me digas —«¿De verdad piensa que le voy a creer? Lo voy a probar.» Se dijo la chica —¿Entonces estás al tanto de las nuevas técnicas de microcirugía cardiaca? La chica pudo observar cómo el muchacho sacó su laptop, sus apuntes, se colocó sus gafas y se instaló para luego darle una cátedra de padre y señor mío del tema, con eso la mató. Comenzó a explicarle de los avances que se han implementado en el hospital general de Nueva York y de todas las nuevas técnicas que él conocía respecto al tema. Ambos se enfrascaron en una conversación amena que no querían terminar, pasaron todo el vuelo conversando, compartiendo archivos y puntos de vista, ni siquiera se dieron cuenta del tiempo hasta que se escuchó por los parlantes que estaban a nada de aterrizar. —¿Es muy riesgoso trabajar a corazón abierto? Yo solo he podido estar de oyente y ahora que me estoy cambiando de universidad espero empezar mi internado y por fin participar de alguna operación. —Te encantará el poder ayudar a alguien y saber que además de salvarle la vida le estas dando una nueva oportunidad junto a los suyos eso es impagable. Por los parlantes se escucha a la aeromoza dando las últimas indicaciones antes de aterrizar. —¡Ah, por fin! —exclamó la chica, mientras se estiraba en su asiento y se abrochaba el cinturón. —¿Tan malo fue? —No, disculpa. Lo decía porque por fin podré ver a mi familia. —Que bien… Oye Val. —Dime... —¿Me darías tu número? O sea, sería genial poder reunirnos para seguir la conversación —«y obvio otras cosas más» ... —Mejor dame el tuyo, aún no tengo un número en Estados Unidos, pero prometo llamarte cuando lo tenga —Le pasó su teléfono para que él apunte el suyo. —Ok —El muchacho anota su nombre y coloca un corazón al final —ella se rió al ver el detalle en el teléfono. —Ethan, eres todo un don Juan, demasiado cliché. —Siempre muñeca, siempre… Salieron con sus maletas desde la puerta de arribó internacional y cuando estaba por despedirse se acercó una bella mujer que dejó embelesado a Ethan, es la visión de un ángel hecho realidad. —¡Preciosa! —¡Mamá! «¿Mamá? ¿Pero si se ve tan joven?» se dijo para sí mismo el muchacho, ambas mujeres se abrazaron y en ese momento logró ver ciertos rasgos parecidos entre ambas. «Parecían hermanas y se miraban muy dulces las dos», pensó y esbozó una linda sonrisa. —Te extrañé preciosa. —Yo más. —¿Y quién es este guapo joven? —Ah, es Ethan, fuimos compañeros de asiento. —Mucho gusto —le extendió la mano y sintió como si cientos de mariposas se reunieron en su estómago y quisieran salir. —Hola, espero que mi hija no te haya molestado mucho —le sonrío con la dulzura la que lo dejó suspirando. «¡Guau, que mujer.!» —¡Mamá! «Me he sonrojado, ¿qué me pasa? No quiero soltar su mano» , la mujer se dio cuenta y aunque le incomodó la situación soltó su mano en forma despreocupada. —Para nada, fue muy grato viajar con Val. —Igualmente. —le respondió la chica que ahora se aferraba al brazo de su madre. —Bueno, las dejo —poniendo carita triste, por él se habría quedado encantado charlando todo el día, pero el deber le llamaba y ya se había comprometido con el Doctor George—. Debo tomar mi camino, espero tu llamada Val. —Si, ya sabes, lo haré una vez tenga mi nuevo número. Cuídate, que te vaya bien en tu internado. —Lo mismo digo. Suerte en tu nueva universidad. —Sin más se despidieron Ethan se quedó como un bobo mirando a esas dos mujeres—. Se parecen mucho, ya sé de quien sacó Val su belleza… «Ahhh espero que me llames princesa… »
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